
Como se afana en recordar el nuevo vicepresidente Carlos Cuerpo cuando habla de los orígenes de su familia, España fue hace décadas un productor clave en el metal de la guerra, el wolframio: un elemento que además fue descubierto por españoles, los hermanos Juan José y Fausto Elhuyar en 1783, y que tuvo un especial protagonismo en la Segunda Guerra Mundial porque alimentó las necesidades de Alemania. El régimen nazi hasta llegó a explotar su propia mina en Orense.
Esa edad de oro del wolframio durante el siglo XX podría regresar en el XXI ante la fiebre por un metal con múltiples propiedades especialmente valiosas para la industria bélica y aeroespacial y que hacen que forme parte del listado de materias primas estratégicas de la UE. Nuestro país es el tercer productor de wolframio de la UE, según la estadística minera 2024 del Ministerio de Transición Ecológica, y los proyectos que se quieren poner en marcha quieren multiplicar la extracción tras el declive de la segunda mitad de siglo.

Si bien la producción actual procede de una mina a cielo abierto en Salamanca, hay recursos en Extremadura, Galicia o Castilla-La Mancha. En Ciudad Real, en la localidad de Abenójar, está en marcha el proyecto El Moto con el entusiasta apoyo de Emiliano García-Page. Esta semana sumó un nuevo trámite con la publicación de su solicitud de autorización de un depósito de explosivos y detonadores unos meses después de que la promotora, Abenójar Tungsten, lograra el hito de que la Comisión Europea lo incluyera en el listado de proyectos estratégicos españoles para reducir la dependencia europea de materias primas críticas.
La mina, a unos siete kilómetros del pueblo, será una explotación subterránea y sus promotores apuntan a la extracción de 91 millones de toneladas de wolframio durante 30 años, con la creación de más de 500 empleos directos. Según señalaron a LD, estiman que podrían cubrir el 20 por ciento de la demanda europea de wolframio y quieren tenerla abierta en 2027.
Wolframio con comprador en Austria
Otro proyecto español que quiere convertirse en estratégico y que ha presentado su candidatura para ello en Bruselas es el proyecto San Juan, en A Gudiña (Orense). Lleva dos décadas en marcha y a partir de 2015, con la concesión minera original por parte de la Xunta, arrancaron los sondeos, construcción de accesos y otras inversiones hasta llegar al momento actual, con las "extracciones iniciales de mineral" que "han servido para validar sobre el terreno tanto la calidad del recurso como la viabilidad técnica de la operación", explican desde la promotora, Tungsten San Juan, de Eurobattery Minerals, a LD.
"La producción puramente a escala industrial estable no está prevista hasta el primer trimestre de 2027", precisan a LD desde la compañía, inmersa ahora en "culminar el diseño y validación de la planta de tratamiento del mineral". La compañía ya ha alcanzado un preacuerdo comercial con la empresa austriaca Wolfram Bergbau und Hütten AG, uno de los mayores productores y transformadores de wolframio del mundo, parte del grupo sueco Sandvik, "para la venta de toda la producción de Pentes durante un periodo inicial de al menos doce años".
El elemento de la guerra
En el caso del proyecto gallego, la compañía estima que "el recurso mineral certificado en la zona" supera "las 145.000 toneladas". Señalan, además, que el potencial no se limita a la primera zona analizada, un "área muy acotada de apenas dos hectáreas". "Los análisis geológicos más recientes apuntan a recursos cercanos al millón de toneladas de mineral estimados", que ahora tienen que consolidarse con estudios adicionales y podrían convertir al yacimiento, apuntan, en uno de los de "mayor interés de Europa". Estiman que la mina cree unos 130 puestos de trabajo y señalan que en la bolsa de empleo que acaban de abrir para canalizar candidaturas ya han "comenzado a recibir currículums".
La fiebre por el wolframio, el metal con la temperatura de fusión más alta (3.422 °C), responde a que reúne "unas propiedades físicas y técnicas muy difíciles de encontrar en aplicaciones industriales de alta exigencia". "Su dureza, su densidad, su resistencia al desgaste lo convierten en un material prácticamente insustituible en ámbitos como la defensa, la industria aeroespacial, el mecanizado de precisión, la electrónica avanzada o determinadas aplicaciones energéticas y tecnológicas", señalan a LD. Entre las aplicaciones para Defensa, destacan que es clave "en sistemas donde se exigen prestaciones extremas, desde blindajes hasta componentes de alta resistencia".
China y precios récord
Como en el caso de otros recursos críticos, el país que dispone de la hegemonía sobre esta materia prima es China, que acapara más del 80 por ciento del comercio global: según un informe del Servicio Geológico de EEUU, produjo 67.000 toneladas en 2025, muy por encima del segundo productor, Vietnam. El régimen ya está jugando la baza de limitar sus exportaciones, con un endurecimiento de los controles desde febrero que ha tensionado el mercado y ha reducido la disponibilidad de material en los mercados internacionales.
El precio del wolframio, o tungsteno como se conoce en el ámbito anglosajón, está alcanzando máximos históricos, con subidas especialmente acusadas con la ofensiva iraní. El sector considera que continuarán si no se diversifican las fuentes de suministro.
