Europa nunca estuvo políticamente unida y, paradójicamente, ese es el secreto de su éxito a lo largo de su historia. La diversidad, la innovación y el comercio. Resulta llamativo que quienes más invocan la herencia civilizatoria del continente sean también los más empeñados en enterrarla bajo una burocracia supranacional.
Esta semana, en Economía para Quedarte sin Amigos, contamos con Miguel Anxo Bastos, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela. Acude al programa para presentar su último libro, Lo pequeño es posible. Cómo el tamaño define el futuro de una nación (Editorial Deusto), una defensa sin complejos de la descentralización política y una crítica directa a la lógica de integración que ha guiado el proyecto europeo en las últimas décadas. Y es que, según Bastos, "lo más contrario al genio de Europa es estar unida".
La tesis central del libro, tras su sencillez, esconde una realidad incómoda para buena parte del establishment político: el tamaño de un Estado no determina su prosperidad, y la centralización del poder no mejora la vida de los ciudadanos. Lo que enriquece a las naciones no es la escala, sino la calidad de sus instituciones y la libertad de sus mercados. "Lo que hace rico a un país no es el tamaño, es el capitalismo", explica. Todo lo que crece más allá de cierto umbral —el Estado regulador, la burocracia supranacional, el consenso obligatorio— va en la misma dirección: alejar el poder del ciudadano y acercarlo a quienes viven de gestionarlo. La Unión Europea lo hace con directivas, comisarios y un relato que siempre sitúa la solución en Bruselas, pues "beneficia a las élites políticas, porque si tienen un estado muy grande, su base fiscal es superior".
Contra la centralización
Uno de los grandes riesgos que la integración política genera y que sus defensores rara vez reconocen son la concentración del poder de regulación en manos de pocas instituciones, la dificultad de fiscalizar desde la ciudadanía lo que ocurre en Bruselas, la captura de esas instituciones por parte de grandes lobbies y la desaparición progresiva de la competencia entre sistemas políticos y fiscales (y esto último ha sido, históricamente uno de los motores del progreso europeo). Datos y dinámicas que no son consecuencia de ninguna conspiración, sino de la lógica estructural del poder cuando se ejerce a gran escala y con escaso control democrático.
Un Estado grande, bien implantado, no produce necesariamente más seguridad ni más prosperidad, sino más superficie para que el poder sea capturado. Como explica Bastos, "es más fácil comprar diez comisarios y cien eurodiputados que comprar cinco mil diputados repartidos por toda Europa". Lo que la integración política combate no es la ineficiencia ni la corrupción, sino la diversidad de modelos que permite a los ciudadanos comparar, elegir y exigir. En contraste, la fragmentación política ha sido históricamente el entorno en el que florecieron las libertades, las ideas y la prosperidad. "El éxito de Europa es haber estado siempre dividida", sostiene.
La erosión progresiva de la soberanía nacional es una de las derivas más peligrosas del proyecto europeo en su forma actual. El consenso, convertido en coartada política, impide cuestionar lo que debería estar permanentemente abierto al debate. Bastos recuerda el origen de la Unión Europea: "Un mercado común". Y no una entidad política única.
El libro de Miguel Anxo Bastos recuerda que el dinamismo europeo nunca fue producto de la unidad impuesta, sino de la competencia entre unidades políticas libres. Para profundizar en estas ideas y descubrir por qué lo pequeño puede ser no solo posible sino deseable, te invitamos a escuchar el episodio completo de Economía para Quedarte sin Amigos, disponible en todas las plataformas de podcast y en el canal oficial de YouTube.

