
Un tema recurrente en las publicaciones de Elon Musk en X durante los últimos meses ha sido su afirmación de que Hitler era socialista. Esta tesis ha recibido tanto mucho apoyo como muchas críticas en la plataforma, pero casi ninguno de los participantes en el debate ha examinado seriamente la cuestión. Los críticos señalan que los medios de producción no fueron nacionalizados en la Alemania nacionalsocialista. También sostienen que el hecho de que Hitler encarcelara a comunistas y socialdemócratas en campos de concentración contradice esta tesis.
El segundo argumento no resulta convincente. Stalin también hizo asesinar a decenas de miles de compañeros comunistas, denunciando a muchos de ellos como «trotskistas» o «agentes fascistas». Pero ¿qué ocurre con el argumento de que los medios de producción no fueron nacionalizados a gran escala en la Alemania nacionalsocialista?
Un socialismo moderno
Para el socialismo tradicional, basado en las enseñanzas de Karl Marx, la nacionalización de los medios de producción constituye, efectivamente, un objetivo central. Pero el nacionalsocialismo fue una forma de socialismo moderno que siguió un enfoque diferente.
En mayo de 1937, Hitler declaró que él indicaba a la industria alemana lo que debía producir en el marco del Plan Cuatrienal. Si la industria decía que no era capaz de hacerlo, él «me haré cargo personalmente, pero tiene que hacerse». Si la industria cumplía, en cambio, se alegraba de no tener que hacerse cargo directamente de ella.
Que estas declaraciones de Hitler no eran amenazas vacías quedó claro para los industriales, como muy tarde, el 23 de julio de 1937, cuando Göring anunció la creación de la sociedad anónima Hermann Göring para la Minería de Mineral de Hierro y la Fundición. El proceso iniciado con las reiteradas amenazas de Hitler y Göring desembocó finalmente en la creación de las Reichswerke Hermann Göring, que en 1940 empleaban a 600.000 personas. La planta de Salzgitter acabó convirtiéndose en la mayor de Europa.
El nazismo: un movimiento anticapistalista
Algunos teóricos —tanto de izquierdas como libertarios— reconocieron ya en la década de 1940 que el nacionalsocialismo representaba una nueva forma de anticapitalismo. El economista y sociólogo Friedrich Pollock se había doctorado con una tesis sobre la teoría monetaria de Karl Marx y fue cofundador del Instituto de Investigación Social de Fráncfort del Meno. Ludwig von Mises era considerado, junto con Friedrich August von Hayek, uno de los principales representantes de la Escuela Austriaca de Economía. Ambos fueron firmes adversarios del nacionalsocialismo y emigraron a Estados Unidos.
En un artículo sobre el sistema económico del nacionalsocialismo publicado en 1941, Pollock reconocía que la institución jurídica de la propiedad privada se había mantenido, pero sostenía que su función real había cambiado de manera fundamental. En sus palabras, aquello equivalía a «la destrucción de todos los rasgos esenciales de la propiedad privada, salvo una excepción». Incluso las mayores empresas, señalaba, habían perdido el derecho a decidir libremente dónde invertir o cuándo abandonar una producción no rentable; esos derechos habían sido transferidos, en la práctica, a los grupos gobernantes.
Este es uno de los análisis más lúcidos de la estructura económica del nacionalsocialismo y coincide con lo que Ludwig von Mises escribió en The New York Times el 21 de junio de 1941. Mises sostenía que el sistema alemán de socialismo, o Zwangswirtschaft —economía coercitiva o dirigida—, conservaba algunas instituciones capitalistas únicamente de manera nominal. La propiedad privada continuaba formalmente, pero los empresarios habían quedado reducidos, en la práctica, a la condición de administradores de sus negocios, mientras que el Gobierno determinaba qué debían producir y cómo debían hacerlo, además de fijar los precios y los socios comerciales. Mises resumió el sistema como un «socialismo con la apariencia externa del capitalismo»: planificación integral y control gubernamental de la actividad económica, manteniendo al mismo tiempo las denominaciones propias de una economía de mercado.
Hitler fue aceptando la planificación de la economía por el Estado
A partir de 1940, como muy tarde, Hitler se convirtió cada vez más en partidario de la economía planificada por el Estado, en parte porque estaba convencido de la superioridad de la Unión Soviética y de su sistema económico. En sus monólogos ante su círculo íntimo —conocidos como las «conversaciones de sobremesa»—, los días 27 y 28 de julio de 1941, Hitler afirmó que «un empleo sensato de las fuerzas de una nación solo puede lograrse mediante una economía planificada desde arriba». Aproximadamente dos semanas después, señaló que la planificación económica se encontraba todavía en una fase inicial y planteó la construcción de un orden económico integral para Alemania y Europa.
La afirmación de que la planificación económica se encontraba todavía en una fase muy temprana es importante porque demuestra que Hitler no estaba pensando en absoluto en reducir la intervención estatal —ni siquiera para después de la guerra— sino que, por el contrario, pretendía ampliar todavía más los instrumentos de control estatal sobre la economía.
Sí, Hitler no era socialista en el sentido marxista clásico. Pero fue, sin lugar a dudas, anticapitalista y socialista en el sentido moderno del término. En este aspecto, Musk tiene razón - y sus reflexiones encajan con mi tesis doctoral sobre esta cuestión, publicada con el título de "Hitler y la revolución" y dedicada a rastrear la mirada económica del dictador en base a sus propias palabras y reflexiones públicas y privadas.
