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Casos de robo para borrar pruebas: dos antecedentes relevantes

El supuesto robo del disco duro del fiscal del caso Faisán no es algo excepcional.

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La noticia del supuesto robo de disco duro del caso Faisán denunciando por el fiscal, se suma a otros similares sucedidos en los últimos años, dentro de la propia investigación del chizavatazo y en otros casos.

El más reciente sucedió en octubre de 2011. Desconocidos entraron en los despachos de dos de los administradores concursales que participan en la auditoría de las empresas de Jorge Dorribo, implicado en el caso Campeón. Este robo que, como informó Libertad Digital, fue cometido por auténticos profesionales que no dejaron huellas, tenía presuntamente el objetivo de borrar pruebas de un caso que estaba poniendo en la picota al ministro de Fomento, José Blanco.

Pero los dos casos en los que se acumulan más irregularidades en los últimos años son, sin lugar a dudas, el 11-M y el Faisán.  Por lo que se refiere al primero, el 11M, caso no cerrado todavía, el episodio se produjo en el locutorio de Jamal Zougam, único imputado como autor material de la masacre. Como informó el diario El Mundo en su edición del 1 de abril de 2004, unos "ladrones" entraron a robar en el locutorio, pese a que se encontraba precintado por orden judicial desde el sábado 13 de marzo, día de la detención de Zougam y previo a las elecciones generales. Los ladrones se llevaron varios teléfonos móviles, supuestamente una de las pistas clave para desenmascarar a los autores del atentado. El establecimiento estaba situado en el número 17 de la calle de Tribulete en el barrio de Lavapiés, en pleno centro de Madrid. Tras romper el sello policial y forzar los cierres de seguridad, los ladrones se llevaron diversos objetos que había en la tienda, especialmente teléfonos móviles. Después huyeron a la carrera en dirección a la plaza de Lavapiés. El diario se hacía eco, además, de que, según fuentes policiales, se descartaba que el robo estuviese relacionado con la investigación del 11M y que lo más probable es que fuese obra de delincuentes habituales. Realmente resulta sorprendente, y contrario a la lógica, que unos delincuentes comunes fuesen a arriesgarse a robar un locutorio precintado judicialmente y que en esos momentos estaba en el punto de mira de la Policía, puesto que su dueño era, presuntamente, el autor material de una masacre terrorista.

El robo denunciado este jueves por el fiscal no es la primera vez que sucede en la investigación de lo ocurrido en el Bar Faisán. En este caso, igual que en el del locutorio de Jamal Zougam, el anterior robo se produjo también mientras el local se encontraba precintado por orden judicial en el marco de la operación policial contra la red de extorsión de ETA y mientras su dueño, Joseba Elosúa, se encontraba detenido. El robo tuvo lugar la madrugada del 27 de junio de 2006. Los ladrones, otra vez, desafiaron la lógica más elemental, y forzaron la puerta del local tras romper el precinto. En este caso, sin embargo, informaciones muy posteriores al hecho, de septiembre de 2011, daban cuenta de las sospechas de la Policía de que el robo en el bar tenía por objetivo la destrucción de pruebas. Concretamente "sustraer o manipular algún elemento electrónico instalado en su interior" y que pudo grabar la escena del chivatazo, como informaba el diario La Gaceta en su edición del 1 de septiembre de 2011.

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