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Arenas excluyó al núcleo duro de su decisión y sólo informó a Rajoy

En el PP lo tienen claro: es un hasta luego, no un adiós. Regresará a la primera línea. Rajoy le pide que pilote la transición y le dé un nombre.

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Javier Arenas es un animal político de pedigrí. Pero está tocado, que no hundido. Había que estar la noche del veinticinco de marzo, elecciones en Andalucía, en la sede del Partido Popular de Sevilla para darse cuenta de lo mucho que se asemejaba a un cementerio de elefantes. O, mejor dicho, del elefante rey que no lograba contener el gran pesar en su rostro, acompañado de sus dos ministros aliados, Cristóbal Montoro y Fátima Báñez, que hacían de coro fúnebre.

El todopoderoso Javier quedó muy abatido de aquella noche, y lo sigue estando. Eso sí, igual que nadie pone en duda esto, tampoco que se recuperará y pedirá un hueco en la primera fila de la política. Era un secreto a voces que, tras intentarlo cuatro veces, no volvería a ser candidato a la reelección en su comunidad. La duda era cómo iba a articular un plato de tan difícil digestión, una vez se le dio vía libre para que lo hiciera cómo y cuándo él quisiera. Al final, optó por la forma más rápida; no presentándose al congreso que se estaba demorando sine die -al final se celebrará del 13 al 15 de julio- para dar pie a la renovación.

En el PP a nivel nacional se opta por una criba profunda, pero ordenada. Más bien, tutelada por un hombre al que nadie nunca tosió, y por el que hoy muchos lloran en público y en privado. El presidente, siempre esquivo a los problemas de partido, así lo requiere; rechaza varias candidaturas o guerras de familia, sino un nombre y un partido detrás de él apoyándole. El abanico no es demasiado amplio, una vez el núcleo duro de Javier se marcha con él -Antonio Sanz, por ejemplo, ya tiene el acta de senador-.

Los candidatos a ser el nuevo líder

Dos alcaldes suenan por encima del resto, ambos de estilos bien diferentes. Uno ya es, a la espera del cónclave, el encargado de dirigir el partido de forma compartida: Juan Ignacio Zoido, regidor de Sevilla e imagen del cambio político. El otro, menos mediático, también consiguió cambiar de color una ciudad muy difícil en las pasadas elecciones municipales: José Antonio Nieto, de Córdoba.

Dirigiendo el PP andaluz, mano a mano con Zoido, está la nueva imagen popular en el Congreso: Carlos Rojas, íntimo de Arenas y que –para empezar- ya ha renunciado a seguir siendo alcalde de Motril, municipio medio muy importante en el contexto andaluz. Rosario Soto, portavoz del partido, también gusta mucho en círculos madrileños.

Mariano Rajoy solo dará el plácet al nombre de Arenas, aseguran en Génova. Su confianza en él sigue inquebrantable, destacan. A pesar del fiasco en unas elecciones en las que el presidente estuvo muy implicado. Javier con él estuvo siempre, pero muy especialmente tras su segunda derrota en las urnas ante José Luis Rodríguez Zapatero, haciendo de Andalucía la casa del gallego. Una relación no solo política, sino también de afinidad.

Tal vez por ese vínculo tan intenso, Arenas reservó a él su decisión y no quiso contársela a nadie. Tampoco a su círculo más íntimo en Andalucía -particularmente en Sevilla- y ni mucho menos a los integrantes de la dirección nacional. Habló única y exclusivamente con Rajoy y después Sanz soltó la bomba informativa. Una carta explicándose ante los militantes, que elección tras elección han llenado los actos políticos, fue su forma de decir hasta luego, que no adiós.

En el seno del Comité Ejecutivo de los populares andaluces, que tiene que ratificar su marcha, cundió la desazón, a la par que confirmó el vacío de información: "Me he quedado helada, nadie de con quien he hablado se la esperaba", relató una integrante. Otro compañero incidía en esta teoría: "No me lo esperaba. Todos podíamos intuir que no volvería a presentarse, pero no que dejara la presidencia del partido".

Cospedal advierte: no habrá coordinador

La noticia saltó en Madrid con maitines ya reunido, sin Arenas presente. Con María Dolores de Cospedal habló a lo largo de la mañana, antes de que compareciera pasada la una de la tarde para ensalzar su figura política pero insistir en que no le faltará trabajo al frente de la vicesecretaría de política local y autonómica. Remachó tanto este extremo que pareció que le limitaba únicamente a este sillón, una vez algunas voces empezaron a hablar de restaurar la figura de coordinador general para aliviar de trabajo a la Secretaría General y darle protagonismo público. Cospedal no quiso entrar al trapo, y cerró esa puerta de un portazo.

Al igual que la inmensa mayoría en el partido cree que tendrá un sitio destacado, también que el puzzle tiene difícil encaje. Lo es porque en el PP su número dos ha luchado como una jabata por hacerse respetar y valer, aunque en algunos sectores pongan reticencias. Y también porque en Moncloa Soraya Sáenz de Santamaría es hoy por hoy intocable, y la sombra de Arenas podría ser alargada.

En las conversaciones mantenidas entre Rajoy y el ya expresidente del PP andaluz siempre se ha desprendido que el jefe sigue contando con él. Tal vez con un periodo de reflexión entre medias en el que pueda descansar y recuperarse, pero con el convencimiento de que regresará por la puerta grande. "Tiene cabida en la primera línea, ya sea en el partido o en el Gobierno, pero la tiene", apuntaba un barón autonómico.

De puertas para adentro a Arenas se le premia por no haberse encasillado en su estirpe política. Por hablar con todos y haber logrado dar un salto con respecto a su generación, dejando atrás a compañeros de gabinete, y seguir "estando ahí, que no es fácil". Vicepresidente del Gobierno, ministro, secretario general... el broche de su currículum debía de haber sido, a ojos del PP, en la Junta de Andalucía, pero el sueño se desvaneció aquella aciaga noche electoral retratada en ese balcón de las penas.

Ahora, se abre una etapa nueva, en voz de la propia Cospedal. "Donde no le veo es en casa", incidió un alto cargo, en relación a Andalucía. Su nuevo hogar, para la inmensa mayoría, pasa por la capital del reino. Para empezar, su agenda pública empezará a recobrar vida, con comparecencias en Génova13. Solo para abrir boca, porque, en medio de una guerra interna que ya empieza a dar sus primeros coletazos, los abiertamente arenistas afirman "que se merece lo mejor en el equipo de Rajoy". Ya sea en el PP o, principalmente, en la administración.

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