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García Ancos, juez y parte en el caso Liaño, defiende al "respetable" Garzón

El ex magistrado del Supremo Gregorio García Ancos, cuya actuación en el juicio a Gómez de Liaño fue reprobada en Estrasburgo, dice que la admisión a trámite de la querella contra Garzón "no le agrada mucho". Del caso Liaño dice: "Eso ha pasado ya".

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L D (Europa Press) El ex magistrado del Tribunal Supremo, Gregorio García Ancos, miembro de la Sala Segunda que condenó al juez Javier Gómez de Liaño por prevaricación en un juicio que el Tribunal de Derechos Humanos calificó de parcial, dice que la admisión a trámite de la querella contra Garzón no le "agrada mucho".

En declaraciones a los medios al término de un acto en homenaje a los ministros de Justicia de la democracia organizado por el Colegio de Registradores de España, García Ancos destacó que la implicación del magistrado de la Audiencia Nacional en una investigación por prevaricación "es muy delicada" y a los jueces "hay que respetarlos más", y según recogre Europa Press, Garzón es un juez "respetable".

El ex magistrado de la Sala Segunda del TS --que mostró, a pesar de sus declaraciones, "todos sus respetos para el Supremo"--, no quiso referirse, no obstante, a su actuación en el caso de Gómez de Liaño que calificó como "historia pasada". "Eso ha pasado ya", reiteró.

Gómez de Liaño fue condenado en 1999 al pago de una multa y a la prohibición de ejercer cargos públicos durante 15 años. El pasado mes de julio el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos condenó a España a indemnizarle con 5.000 euros, en concepto de "daños morales" al considerar que no tuvo un juicio "independiente e imparcial".

La sentencia europea destacaba que los miembros del tribunal que le condenó, entre ellos García Ancos, intervinieron en numerosos actos de instrucción de la causa anteriores a la resolución final, entre ellos la admisión a trámite de la demanda en su contra. Añadía que Gómez de Liaño "no tuvo un juicio justo".

El tribunal de Estrasburgo destacaba además que magistrados que firmaron la sentencia del Tribunal Supremo, como el propio García Ancos o Enrique Bacigalupo Zapater decidieron no apartarse de la causa por iniciativa propia, a pesar de que Gómez de Liaño solicitó en dos ocasiones su recusación.

García Ancos, juez y parte

Estrasburgo se guió por el rigor jurídico –y sentido común– que en España faltó: un juez no puede haber sido parte en un proceso previo al juicio en el que participa. Por eso hay jueces instructores y de Sala. Pero a Javier Gómez de Liaño le condenaron Enrique Bacigalupo y Gregorio García Ancos, los mismos magistrados de la Sala Segunda de lo penal del Tribunal Supremo que antes habían confirmado su procesamiento rechazando un incidente de recusación y abierto la vista oral, siempre, con la firme oposición del fiscal José María Luzón.

En cualquier país que respete el ordenamiento jurídico, Bacigalupo y García Ancos no habrían tenido otra opción que abstenerse. Eran jueces y parte. Conocedores a priori de la causa. Sin embargo, y tras solicitar el amparo al Constitucional, nadie salvo el ponente, Pablo Cachón, interpretó que hubiera contaminación. El amparo fue denegado pese a que tres meses antes todo apuntaba a una estimación. El presidente De Parga se permitió, además, emitir un voto particular en el que deducía que aceptar el perdón (el indulto del Gobierno) anula el derecho de amparo. Su voto ocupaba veinte líneas. Era como una justificación. La discrepancia de Cachón, casi un alegato, echaba por tierra tanto el montaje del caso Sogecable como la insólita decisión de negar el amparo. Y eso que era el ponente de la sentencia.

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