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El día de las inauguraciones chapuza de Rubalcaba

Gravísimas deficiencias en los calabozos, equipamientos inexistente por falta de dinero, galerías de tiro no reglamentarias... El ministro del Interior inauguró este martes el cuartel de la Guardia Civil de Almoradí y la Comisaría de Policía de Alicante, pero no es oro todo lo que reluce.

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Gravísimas deficiencias en los calabozos, equipamientos inexistente por falta de dinero, galerías de tiro no reglamentarias... El ministro del Interior inauguró este martes el cuartel de la Guardia Civil de Almoradí y la Comisaría de Policía de Alicante, pero no es oro todo lo que reluce.
Alfredo Pérez Rubalcaba, este martes en Alicante. | EFE

Este martes, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se desplazó hasta la provincia de Alicante para inagurar las nuevas instalaciones de la Guardia Civil en la localidad de Almoradí y la nueva comisaría provincial del Cuerpo Nacional de Policía en la capital alicantina.

Pero la enhorabuena que supondría para los agentes el estreno de estas nuevas instalaciones no es tal. Y es que, según confirmaron a Libertad Digital diversas fuentes, el estado y preparación de las mismas no es ni mucho menos el adecuado.

En lo que al cuartel de Almoradí se refiere, según informaron a este periódico fuentes de la Benemérita, el sistema de cámaras de seguridad no abarca a todo el perímetro del complejo y no hay inhibidores de frecuencia. Esto se une a que ta sólo hay 12 chalecos antibalas para una plantilla de 50 agentes, y ya se ha atascado el primer urinario.

La nueva comisaría de Alicante también tiene innumerables deficiencias, pese a que se ha invertido en ella 9,6 millones de euros. El ministro lo calificó como un edificio de "mediterráneo" por ser "abierto y transparente", y afirmó que el cuantioso dinero desembolsado lo da por bien empleado porque se trata de una infraestructura "estratégica". Según recoge Efe, tiene más de 13.000 metros cuadrados distribuidos en cuatro plantas y tres sótanos, que cuenta con galerías de tiro, dependencias para los sindicatos policiales, para la prensa y aulas de formación.

Según la Confederación Nacional de Policía (CEP), algunas de estas deficiencias son, por ejemplo, que "el laboratorio de la Policía Científica no cuenta ni con campaña extractora y no tiene lavabo para poder lavarse las manos tras realizar su trabajo con productos químicos"; "la galería de tiro mide aproximadamente entre 12 y 15 metros de largo, cuando la ley dice que tiene que tener 25 metros –los agentes deben hacer un ejercicio obligatorio de tiro cada tres meses–"; o que "las instalaciones de automoción no son utilizables, ya que se acabó el presupuesto y no quedó dinero para comprar el túnel de lavado y el elevador del foso del taller mecánico". Además, en lo que se refiere al espacio dedicado a los sindicatos, el CEP cuenta con un cuarto de apenas siete metros cuadradas que, según denuncia el sindicato, "no da ni para meter los archivadores con las fichas de los afiliados".

A estas deficiencias se unen las existentes en los calabozos, entre las que el sindicato mayoritario dentro del Cuerpo, destaca la ausencia de "sistemas de extracción de humos y olor, o que la zona habilitada para los agentes que controlan a los detenidos también tiene estructura de celda".

Pero hay más. Otras fuentes policiales consultadas por este periódico aumentan al estado de "gravísimas" las deficiencias de los calabozos. Según aseguran, "las puertas de las celdas están mal diseñadas y se abren de hacia adentro de la propia celda en vez de hacia fuera, y los pestillos de las celdas no tienen ningún sistema de seguridad.

Esto, unido al hecho de que el espacio entre barrotes sea demasiado grande, hace que personas con problemas de extrema delgadez –por ejemplo, un toxicómano enfermo de VIH– pueda colar sus mano entre los barrotes y abrir el pestillo de su celda".Según destacan, "todavía no ha pasado nada", pero teniendo en cuenta que Alicante es el punto de deportación de los sin papeles argelinos y que de vez en cuando llegan uno o dos autobuses de argelinos (45-90 personas) a las instalaciones "no quieren pensar qué podría pasar si a alguno de estos toxicómanos les da por abrir el resto de las celdas".

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