Lo dio España hace 25 años. (Por cierto, habría que celebrarlo). Un régimen autoritario cedía paso a un sistema democrático con gran naturalidad, sin sangre. Ahora le toca a Serbia, lo que queda de la Yugoslavia de Tito. El nombre es impreciso: los “eslavos del sur”. No todos son eslavos. Queda sin resolver la cuestión étnica, la más complicada del mundo. Pero al menos hay una sucesión pacífica del poder a partir de las urnas. Gran descubrimiento. Apúntesele Cuba, por ejemplo. Sería maravilloso que Fidel Castro se quedara como caudillo del principal partido opositor en una Cuba democrática. Un sueño.

El espectáculo de la transición democrática

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