El nuevo atentado de Eta en Barcelona no parece tener un objetivo concreto, más allá de generar miedo y confusión. Un coche-bomba en una zona céntrica que intenta utilizarse como cebo reduciendo el tiempo entre el aviso y la explosión. Es posible que se trate de la acción de un grupo itinerante. La detención de los psicópatas -después de asesinar a tres personas e intentar matar a otras seis, todavía amenazan al juez instructor- del comando Andalucía ha motivado la operatividad en zonas sensibles, en Madrid y Barcelona.
La falta de un objetivo se acompaña de la falta de objetivo político de la ofensiva terrorista en su conjunto. Es una trágica y equinoccial huida hacia delante. No se trata de llegar a una mesa de negociación. Incluso manipulaciones como las de la palabra paz han desaparecido. La construcción nacional es un fracaso sin paliativos. El PNV ha vuelto cuanto menos a la ambigüedad. Intenta desmarcarse con el menor coste político y al tiempo mantenerse como fronterizo con el voto de Hb. Es muy posible que el nacionalismo, a la vista de su fracaso ético y político, pierda a medio plazo el poder en Ajuria Enea, y con él el pesebre nacionalista. Es sintomática la persistente negativa de Ibarretxe a convocar elecciones a pesar de su manifiesta debilidad.
Estamos ante el terrorismo de la desesperación. Los atentados consiguen efectos imprevisibles para los terroristas. Lo que avanza en la opinión pública es el debate sobre el endurecimiento de las penas y su cumplimiento íntegro, aunque todavía no tiene reflejo en un Gobierno firme en la forma, pero con máculas en el fondo de síndrome de Estocolmo por su error de la negociación durante la tregua y de excesiva dependencia respecto a las dudas metódicas del partido socialista. Se habla con claridad de la cadena perpetua, hacia la que hay un amplio respaldo en todas las encuestas. Recientemente, en Libertaddigital era claro el sentir mayoritario. El terrorismo es una psicopatología en la que el crimen en serie se sublima mediante la justificación ideológica, estrictamente animista.
Las penas tienen además un carácter disuasorio y preventivo, que en España está poco o muy poco desarrollado. La confianza que se pide a la opinión pública ha de tener la contrapartida de un refortalecimiento del Estado de Derecho. Eso es lo prudente.

Sin objetivo
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