El cierre del año nos da la oportunidad de mirar hacia atrás para ver hacia delante, mirar lo que pasó, por qué pasó y cómo pasó es normalmente una buena metodología para tener indicios de lo que sucederá. Concluye un año plagado de muertes individuales y muertos anónimos, de muertos en la callada soledad de las familias y muertos con grandes titulares, de muertos ancianos y niños muertos, y un año así no podía concluir sino con más asesinatos, ya convertidos en la anécdota cotidiana.
El pasado viernes 29 de Diciembre el representante a la Cámara Diego Turbay Cote, su madre, y un grupo de acompañantes se trasladaban en la provincia de Caquetá, a dos horas de viaje de la “zona liberada”. Los vehículos fueron interceptados por un comando del llamado “frente 14” de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), se les ordenó bajar de los autos, tirarse al piso, e inmediatamente fueron asesinados. Diego Turbay, su madre, el conductor, un amigo de la familia y los tres hombres de la seguridad que les acompañaban, todos perdieron la vida. Irónicamente, Diego Turbay Cote era el presidente de la Comisión de Paz de la Cámara de Representantes de Colombia.
Pocas horas después, la Policía Nacional hacia conocer un interceptación de comunicaciones del frente 14, donde el jefe de célula hace saber al “comandante del frente” el éxito de la operación.
La patética declaración del Presidente de Colombia Andres Pastrana aseverando: “El país lo que esta esperando es que si fueron las FARC asuman su responsabilidad y entreguen a quienes cometieron este vil y atroz crimen (como lo hicieron con los que asesinaron a los misioneros norteamericanos –el comentario es mio, no del Dr. Pastrana) y si no existe ninguna responsabilidad por parte de las FARC, entonces que ellos también muy claramente le digan al país que no tienen ninguna...”
Un comunicado presidencial de estas características no puede pasarse por alto; no solo por su plañidero contenido, no solo porque otorga a las FARC la capacidad de auto-juzgarse, sino por lo que tácitamente reconoce: El Estado Colombiano no tiene la capacidad de perseguir y capturar a los asesinos, luego pide –ni siquiera se atreve a ordenar– a las FARC que los “entreguen”; más bochornosa aún es la segunda parte, invitando a los guerrilleros a que digan que no tienen responsabilidad; como si el mero hecho de decirlo les dejara libres de culpa y cargo...
¿Por qué el tema de la paz esta totalmente fuera de foco? Porque cuando se discuten acaloradamente los aspectos calificados de “militaristas” del llamado “Plan Colombia” se deja de lado la necesaria consideración del carácter de la amenaza que enfrenta este país, que es esencialmente militar y armada, lo que en cualquier democracia del mundo acarrearía una respuesta de similares características.
La antigüedad en el delito no genera derecho alguno en ningún código penal conocido en el planeta, ya que otra falacia enarbolada para impedir el uso del instrumento militar es señalar que la guerrilla lleva años de pervivencia. Si seguimos esta lógica perversa, un asesino que llevara más de un determinado número de años asesinando ganaría impunidad ante la ley por antigüedad en el crimen.
Es el pueblo colombiano quien deberá elegir el modo y oportunidad para resolver sus problemas, esto no puede hacerlo ningún otro país en su nombre, pero tal vez unas pocas ideas ayuden a re-enfocar el tema.
¿Qué son las FARC? Las FARC son una banda armada con la intención de imponer por la fuerza su proyecto de país a la totalidad de la población.
¿A qué se dedican? Por lo que se conoce, sus actividades “proselitistas” se centran en la recluta forzada de menores, el ataque a poblaciones indefensas y a la infraestructura del país. Se dedican además a la industria del secuestro, y al asesinato tanto selectivo como indiscriminado (utilizando cilindros bombas contra la población).
¿Cuáles son sus fuentes de financiamiento? El secuestro extorsivo (ya perfeccionado al punto de convertirse en “profesión”) el narcotráfico y el “impuesto revolucionario”. ¿El destino de estos cuantiosos fondos? Mantener a la organización y comprar más armas.
¿Su estructura? Los frentes FARC y las “milicias”, un total de entre 20 y 25.000 hombres con armas livianas y semi-pesadas, helicópteros y aviones. Una enorme infraestructura de “marketing” de la organización, tanto nacional como internacional, con enorme presencia en Internet y llegada a muchos medios de comunicación particularmente en Europa.
¿Qué es lo que proponen para alcanzar la paz? Hasta hoy sólo se conocen sus exigencias, mientras continúan con la acción en la prensa internacional, al tiempo que compran armas más y más sofisticadas, pasando ahora a convertirse en árbitros y puntos de referencia de casi todos los grupos de narcotraficantes que operan en el país.
Ante este panorama ¿Puede hablarse de militarismo por parte del Estado Colombiano? O más bien de incumplimiento por parte de este de su deber de defender la vida y bienes de sus ciudadanos frente a un clara amenaza.
Es interesante además señalar que las encuestas más recientes demuestran que las cifras de apoyo a la guerrilla no superan el 3% de la población y todas las demostraciones multitudinarias del pueblo colombiano fueron recibidas por la guerrilla con la mas absoluta indiferencia y desprecio, al punto tal que jamás merecieron el menor comentario por parte de Tirofijo y sus satélites.
Tal vez la pregunta clave, al filo del año que concluye, sea si la libertad es o no un bien negociable y cuando llega el momento de defenderla todos los pretextos son válidos para no hacerlo; o tal vez sea el punto para que el pueblo de Colombia deje de marchar por la paz sin honor y decida marchar con la ley en una mano y las fuerzas armadas en la otra.
La paz está fuera de foco
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