Menú

Una nueva ecuación de poder

Ya se puede comenzar el análisis de lo que, con el correr de las semanas será un cambio substantivo en la política tanto interna como exterior de los Estados Unidos. Lo primero a considerar es la diferencia de personalidades y “estilos”. Bill Clinton resultó bastante afecto al micro-management, tenía ciertos temas que se reservaba para si mismo, en los cuales “interfería mas que intervenía”, no importa si se trataba de cuestiones domésticas o no, en la medida en que el ahora ex-presidente percibiera la oportunidad de obtener rédito político; en tal sentido, siempre jugó inteligentemente sus cartas y dejó sin banderas a los Republicanos cada vez que ello le resultó posible.

Este estilo de presidencia reclamaba un gabinete que se destacara mas por su adhesión al jefe que por su brillantez o fuerza y así lo fue, al punto tal que resulta todo un desafío recordar mas de tres o cuatro de los nombres de sus colaboradores inmediatos.

Clinton fue un Presidente con suerte, tal es así, que sus escapadas con “Monica” y sus reiteradas mentiras al respecto, coincidieron con uno de los momentos de mayor expansión de la economía, acompañado de bajísimos índices de desempleo, a lo que se sumo un pésimo manejo del tema por parte de la dirigencia Republicana, que logró que el Presidente apareciera como la victima de una caza de brujas y no como el hombre que mintió bajo juramente reiteradamente.

Para muchos, la verdadera “socia mayoritaria” en este juego fue –y es– su mujer Hilary (ahora senadora) persona de cuestionable encanto, pero de aguda inteligencia, quien supo retirarse del primer plano que había asumido durante los meses iniciales de la gestión de su socio, para operar como un poder detrás del trono, y si bien atrajo grandes odios sobre si, supo también manejar hábilmente su imagen frente a la sociedad y capitalizó completamente el affaire de “Bill”.

La relación con el Vicepresidente Al Gore se deterioró substantivamente tras el “asunto Mónica”; Gore fue uno de los primeros que salió enérgicamente a defender la inocencia de Clinton en los días en que este negaba los cargos, claro que luego tuvo que disociarse del escándalo, lo que le acarreo un significativo costo político, al punto que durante la campaña electoral los estrategas de Gore pidieron específicamente al Presidente que se mantuviera al margen, cosa que este hizo a regañadientes.

George W. Bush muestra desde el comienzo un estilo diferente de gestión gubernativa que ya se vislumbra en la conformación de su gabinete. Un comentario aparte merece la elección de Dick Cheney como su Vicepresidente.

Para los críticos, Cheney con sus 60 años, significa “la vuelta de los dinosaurios”, pero la verdad es que pocos políticos norteamericanos pueden jactarse de moverse con más comodidad en el ambiente de Washington DC que Cheney, quien además, por su participación en la Guerra del Golfo, es un personaje muy conocido, aún fuera de los Estados Unidos.

Reservado y discreto, Cheney elige ejercer su influencia en privado y sin estridencias, pero ya se conoce que su papel en el armado del gabinete fue relevante y su buena relación personal con el Secretario de Estado Colin Powell (la otra estrella en el equipo de Bush) hace que se conforme un polo de poder muy influyente en el manejo de la política exterior, aún cuando sus perspectivas no van a ser siempre coincidentes.

Por mencionar un ejemplo, digamos que Bush marcó como una iniciativa clave de su presidencia, la construcción de un sistema o escudo anti-misiles capaz de proteger el territorio de los Estados Unidos. Dejando de lado el hecho que la iniciativa erizó el plumaje tanto de rusos como de chinos y tampoco parece hacer feliz a los aliados de la OTAN es posiblemente uno de los temas donde las perspectivas divergentes del gabinete saldrán a la luz más pronto, mostrando un alineamiento del vicepresidente y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, de cara a Colin Powell y a la Asesora Nacional de Seguridad Condoleezza “Condy” Rice.

La velocidad y las personalidades seleccionadas por Bush para su gabinete, marcan un estilo muy parecido al de Ronald Reagan, una cuidadosa elección del hombre que se considera apropiado para el cargo al que luego se le deja espacio para operar, con un Presidente que fija rumbos y líneas generales reservándose sólo las decisiones que considera claves.

Esto, que funciona muy bien en la teoría, veremos pronto si también lo hace en la práctica.

En Internacional

    Servicios

    • Oro Libertad
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida