Con la "celebración" este martes del Día Mundial de la Diversidad Biológica pasa como con otros eventos similares. Normalmente hay poco que celebrar. En el mundo existen unos 15 millones de especies (hay científicos que aumentan la cifra y otros que la rebajan). De esa cantidad sólo conocemos aproximadamente un millón setecientas mil. Con el ritmo de extinción actual (unas 10.000 veces superior al natural) es más que probable que millones de especies desaparezcan antes siquiera de que -como Adán- les pongamos nombre.
El Libro de la Creación pierde constantemente palabras, párrafos y aún capítulos enteros. Los expertos dicen que no se ha visto nada parecido desde lo de los dinosaurios. Muchas especies perdidas podrían alimentarnos o curarnos (muchas de nuestras medicinas proceden de plantas). Como pasa con los castillos de naipes, la pérdida de una especie, puede afectar gravemente al equilibrio de un conjunto del que, no lo olvidemos, formamos parte.
Se estima que entre 1975 y 1995 el mundo perdió el 30% de su
riqueza biológica (un patrimonio que es uña y carne con la riqueza
económica y cultural). Pero el problema no es sólo de las grandes
selvas y otros lugares remotos. España, por ejemplo, con el 54% de las especies y el 60% de los hábitats de la UE , es un paraíso de la biodiversidad.
Sin embargo la Estrategia Nacional para conservar este patrimonio natural, que Isabel Tocino presentó a bombo y platillo en diciembre de 1999, no ha sido aprobada aún por el Consejo de Ministros. El ministro Matas parece no tener interés en el asunto, que quizá estorbaría cosas como su Plan Hídrico (que no lógico, ni mucho
menos nacional), que dañaría más de un centenar de lugares de alto valor para la biodiversidad. Ni siquiera especies emblemáticas como el lince o el águila imperial tienen adecuados planes que garantizen su supervivencia. Y la declaración de la Red Natura 2.000 de la UE, que debería proteger al menos un 17% del país, sigue acumulando un retraso de años, mientras numerosos espacios naturales van siendo destruidos.
Sirva al menos el día de hoy para concienciarnos. Los
ecosistemas son las principales "fábricas" del planeta. Nos dan agua, comida, fijan carbono, controlan el clima, sustentan el turismo y las demás actividades económicas. Sólo las actividades más directamente ligadas a la naturaleza (agrícola, forestal o pesquera) crean por si solas el 50% del empleo mundial. Si pusiéramos su justo precio a los servicios que nos dan los ecosistemas, nos daríamos cuenta de que no habría forma de remplazarlos a un coste asumible.
Con frecuencia extraemos cosas de la naturaleza causando daños económicos -no ya ecológicos- infinitamente mayores que los beneficios que se obtienen con ello. ¿No podríamos extraer racionalmente sólo la renta, sin despilfarrar irracionalmente el capital biológico de nuestro planeta?

La gran extinción
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