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¡Bye, Mr. Bush!

Hoy concluye la gira europea de George W.Bush. Dejando a un lado temas como el del escudo anti misiles y otros, sin duda el de Kioto ha sido uno de los asuntos estrella. La UE no ha querido tragar con este asunto, al igual que pasa con el contencioso de la carne hormonada y los transgénicos que EE.UU. quiere vendernos. Las espadas siguen en alto a la espera de lo que suceda el mes próximo en Bonn, donde volverá a celebrarse la próxima cumbre del clima.

Mañana domingo se celebra además, el Día Mundial contra la Desertificación. Algo directamente relacionado con el clima. El Worldwatch Intitute, de Washington, ha confirmado estos días que la pasada década ha sido la más calurosa de las registradas. Aunque haya todavía quien ponga en duda que ello tenga algo que ver con la contaminación de la atmósfera y quiera atribuirlo sólo a causas naturales ligadas a la actividad solar u otros factores, hay que recordar una serie de cuestiones objetivas.

A saber. La inmensa mayoría de la comunidad científica mundial , como expresan los informes del Panel Intergubernamental para el estudio del Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas, compuesto por miles de expertos, está de acuerdo en relacionar el cambio climático con las emisiones contaminantes. Claro que puede haber algún científico discrepante, pero en absoluta minoría. Es por todo ese respaldo científico y no sólo por los ecologistas, que sólo tienen un peso muy relativo, que prácticamente todas las naciones del mundo están de acuerdo en que hay que actuar.

Recientemente el presidente americano encargó un estudio a la Academia de Ciencias de EE.UU. sobre el asunto. Quizá esperaba que le dieran la razón, pero no fue así. Esa institución científica, la más prestigiosa de su país, le urgió, pocos días antes de su viaje a Europa, a actuar contra el calentamiento climático con diligencia. Hasta el punto de que Bush no tuvo otro remedio que reconocer en Gotemburgo que "el cambio climático es un asunto grave". Es decir, ni el propio Bush niega el problema, aunque dice que el protocolo de Kioto sobre reducción de gases contaminantes "no es realista" por que no obliga a reducir emisiones a los países en vías de desarrollo (es decir, los que menos contaminan).

Otro hecho objetivo: EE.UU., con sólo un 5% de la población mundial, produce un 25% de las emisiones a las que la comunidad científica achaca el problema. Es dudoso que países como Alemania o Francia, potencias mundiales de primer orden, o países del nivel de vida de Suecia, pudieran pretender algo que mermara su grado de progreso. Antes al contrario. La dicotomía maniquea que algunos establecen entre desarrollo y ecología no es real. Aquí nadie plantea que empeore la calidad de vida de norteamericanos o europeos. Lo que se plantea es un modelo energético más eficiente, menos despilfarrador y que no genere tantos impactos innecesarios, perfectamente evitables.

Los expertos culpan al calentamiento climático de un incremento de las hambrunas por pérdida de cosechas, de una mayor recurrencia de sorpresas climáticas desagradables (acentuándose fenómenos extremos como sequías e inundaciones), de un posible cambio de las rutas y frecuencia de las tormentas, de una subida latitudinal de enfermedades tropicales, del deshielo de los casquetes polares y los glaciares y cosas similares. Los impactos ecológicos son también ,no conviene olvidarlo, impactos económicos. Son las empresas de seguros, por ejemplo, las más preocupadas por el tema. No los ecologistas. Hay que huir de catastrofismos tanto como de la autocomplacencia irresponsable y del mirar para otro lado.

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