Mucho se va a tener que esforzar el Gobierno para que la confianza de los ciudadanos no se quiebre a propósito del caso Gescartera. La cosa empezó mal y puede acabar peor, si como se va sabiendo dos personas –de momento– vinculadas al Ejecutivo han tenido que ver y mucho con el tal Camacho. Y, no digamos, si la presidenta de la CNMV almorzaba con los gestores de la empresa timadora y de su institución salió información que le valió a unos cuantos para salir por patas antes de que el tomate viera la luz. No es que la ética de este Gobierno se vaya a poner ya en solfa, pero o no se han puesto todos los controles necesarios o los que se pusieron han empezado a flojear. Hay que seguir y con lupa a los que se nombra.
No vale únicamente con alardear y con poner la mano en el fuego. Muchos en trances similares se la han quemado y bien quemado. La prueba de fuego será la comisión que comenzará a funcionar en septiembre. Pero, mientras tanto, hay muchos controles que se pueden ir poniendo y muchas inspecciones que se pueden ir realizando. La cuestión es llegar al Parlamento con los deberes perfectamente hechos. Siempre cualquier gobierno va a encontrarse con gente que te la juegue, aunque los que están arriba sean la perfección. Las responsabilidades políticas atañen también a quien nombró a personas indeseables, que se aprovechan de su cargo, en este caso, para enriquecerse. Ya tenemos en este país modelos y experiencia suficientes.
En todo caso, no creo que el caso Gescartera pueda sorprender a nadie. Hay que poner controles y hacerlos cumplir. Me sorprende más que haya instituciones públicas o la Iglesia u organizaciones humanitarias invirtiendo dinero en una empresa que te asegura duros a peseta. Supongo que los que ayudan a una ONG con su dinero no es para que lo inviertan sino para que lo utilicen, para que lo gasten en las obras que dicen realizar. No digamos instituciones públicas dependientes de Defensa.
¡Qué mejor inversión que las Letras del Tesoro! No cabe duda de que mucha gente se metió en Gescartera de buena fe, su dinero era blanco y sus expectativas muchas. Pero, una vez más se demuestra que hay que saber muy bien dónde mete uno el dinero y desconfiar del que te ofrece muy por encima del mercado. Incluso habrá que pensarse muy bien a qué organización humanitaria se confía nuestra solidaridad.
© Carmen Tomás para OTR-Press

La mano en el fuego
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