En el Perú de hoy la acción de grupos subversivos no significa una amenaza seria para la estabilidad o la gobernabilidad de dicho país. Con todo, el problema del terrorismo no puede darse por cancelado de manera definitiva, como bien lo muestran dos señales recientes de Sendero Luminoso.
Una señal es de tipo político, y viene de los dirigentes que están encarcelados, que ponen énfasis en aspecto reivindicativos. Demandan una amnistía general "con vistas a la futura reconciliación nacional"; plantean la necesidad de "democratizar la sociedad peruana" y de respaldar la "producción nacional para detener el avance del neoliberalismo en la economía"; reclaman "trabajo para el pueblo", etc.
La segunda señal es de tipo armado y provino de los miembros que están en la clandestinidad. Algunos tuvieron un enfrentamiento con militares en la zona selvátiva de San Martín y otro grupo, en Ayacucho, dinamitó una red de abastecimiento de energía. Estas acciones armadas no se contraponen con el discurso público de los dirigentes, toda vez que un adecuado aprovechamiento político de lo que ellos pudieran considerar "debilidades aparentes" del actual proceso de transición en cuanto a mostrar menor rigor en el tratamiento de los grupos terroristas, bien pudiera permitirle a Sendero volver a situarse como actor político rupturista.
Lo más probable es que no le interese en lo inmediato retomar las armas, sino generar condiciones de agudización de los escenarios de crisis económica y social para ir generando condiciones de ingobernabilidad en un Perú que aún no reconstituye su confianza en las instituciones. Logradas tales condiciones podrían pensar en volver al enfrentamiento violento, para lo cual tiene cuadros, como bien lo han evidenciado las escaramuzas militares recientes.
El gobierno de Toledo tiene ante sí la responsabilidad de garantizar a los peruanos que la subversión senderista no reaparecerá. No es suficiente la respuesta militar que, siendo importante para frenar el avance subversivo, no dan cuenta de la nueva estrategia política que Sendero está desplegando al buscar mostrar comunicacionalmente como incompatibles la firmeza en el combate al terrorismo, sobre la base de una categórica reafirmación del Estado de Derecho, con impulsar procesos de democratización en las instituciones.
Nada más errático podría ocurrir si, en aras de una consigna tan recurrente como la de reconciliación nacional, se otorgara amnistía a los Senderistas. En lo interno, sería interpretado como una inexcusable debilidad. En el ámbito de las inversiones, sería un peligroso indicador que haría recordar las incertidumbres que pavimentaron el camino al fujimorato.

Toledo y Sendero Luminoso
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