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PP: El año de la depresión

Estamos ya en plena despedida del año 2001. Un año, como ha reconocido el propio José María Aznar, difícil y complicado para el Gobierno del PP. El 2001 ha sido, sin ningún tipo de dudas el annus horribilis popular; conocido como "el año de la depresión" por las muestras permanentes que ha ofrecido un Ejecutivo sin capacidad de reacción ante los problemas cotidianos. Este año, ya en sus horas finales, se ha convertido en una auténtica pesadilla para los populares que gobiernan España desde 1996. Si repasamos los grandes temas del año, nadie dudará de que lo dicho no es una exageración. Todos nos acordamos de las vacas locas, del submarino amarillo, del uranio empobrecido, del aceite de orujo y, por supuesto, del caso Gescartera. El 2001 nos ha dejado en el recuerdo la incapacidad para reaccionar del Gobierno, la falta de cohesión interna del Ejecutivo, la ausencia de una política informativa y el primer gran escándalo de corrupción de la época Aznar. El 2001 ha sido, sin duda, un año que muchos populares intentan olvidar a marchas forzadas, distraídos por los vapores de la presidencia española de la Unión Europea. El 2001 nos ha enseñado una de las grandes debilidades del actual Ejecutivo: la falta de pulso político. Durante meses, los Ministerios no se han coordinado, los ministros han trabajado por libre y más de una ha provocado verdaderos quebraderos de cabeza a sus colegas de Gabinete.

Pero por encima de todo, el 2001 nos ha dejado un gran interrogante sin contestar. Un interrogante que para muchos ha sido el motivo de paralización durante meses del Gobierno y del partido. Se trata de la sucesión de Aznar. Esta cuestión, que sigue sin resolver, ha sido el tema "tabú" en los círculos populares. Rumores, tensiones y también enfados. Recordarán las declaraciones de Rodrigo Rato, antes del verano, advirtiendo que él no aspiraba a la sucesión. La sucesión de Aznar ha sido la razón de muchas horas de corrillos y reuniones, hasta el punto de que el presidente del Gobierno tuvo que dar una orden tajante, durante una Junta Directiva Nacional: ¡Prohibido hablar de la sucesión!.

En fin, un año muy duro, en él que no ha faltado la corrupción. El caso Gescartera ha monopolizado durante seis meses la política nacional. Gescartera ha significado muchas cosas, pero sobre todo, se ha traducido en la pérdida por parte del PP del carné exclusivo de la "anti-corrupción".El 2001 está a punto de despedirse, y en el PP quieren que termine cuanto antes. El año de la depresión, dicen, es un año para olvidar.

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