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Arafat asesina. Europa paga

Prodigio de dignidad ofendida, se dolía elegíacamente ayer el editorialista del El País de “la destrucción por las fuerzas israelíes del aeropuerto palestino de Gaza, una instalación construida con fondos de la Unión Europea”. Para el vocero de Juan Luis Cebrián, eso debiera ser motivo más que suficiente para “poner a Europa en rumbo de colisión con el Gobierno del ultra Ariel Sharon. No bastan ya las condenas verbales”. Las huestes de Polanco se ponen en pie de guerra. ¡Temblad perversos judíos!

Un entrañable apego a los 10 millones de euros (una parte de los cuales subraya El País vienen del bolsillo del contribuyente español), invertidos en el aeropuerto privado del mayor terrorista de la segunda mitad del siglo XX (un tal Yassir Arafat, proveedor de armamento durante décadas de todos los grupos terroristas europeos, ETA incluida, como parte de la “estrategia mundial de erosión del imperialismo y el sionismo”), conmueve a los románticos antisemitas polanquianos. Que el tal aeropuerto haya servido como corazón del tráfico de armas y explosivos destinados a los asesinatos suicidas contra la población civil israelí, en nada conmueve al plumífero cebrianí de guardia.

Pero es verdad. El dinero a espuertas de la Unión Europea (esto es, también el de mis impuestos) se ha empleado exclusivamente en dos funciones: a) engrosar las cuentas corrientes de Arafat, sus allegados y un puñado de históricos terroristas de la vieja OLP, rápidamente reciclados en alto funcionariado corrupto de la Autoridad palestina; b) a adquirir armamento de todo tipo, sobre cuyo soporte la siniestra Intifada ha logrado acabar con cualquier esperanza de solución negociada en el Cercano Oriente y ha dado la delirante coartada para la actuación de sus brazos más genocidas, Al Qaeda en primer plano, pero también Hamas, Yihad o cualquiera de los pasamontañas revestidos por la policía palestina para el trabajo sucio.

El pasado 3 de enero, un barco tripulado en su totalidad por oficiales de la policía naval de Arafat al mando de un Teniente Coronel, fue apresado por Israel en alta mar. Contenía 50 toneladas de armas: lanzacohetes Katiusha de corto y largo alcance, morteros, misiles anti-misiles, minas y material explosivo de última generación, fusiles de asalto y gran cantidad de municiones. Debo suponer que el barco (propiedad de la Autoridad Palestina), los 2.200 kilos de explosivos, los 345 misiles Katiusha, los 1.550 obuses de mortero y la enorme carga de armas automáticas almacenadas debieron ser pagadas a los suministradores iraníes (el Islam es el Islam y la pasta es la pasta) con algún tipo de moneda de curso legal. Euros, tal vez. Y, con absoluta seguridad, también con cargo a los impuestos cebrianíes. Y a los míos. Y a los de todos los europeos, pues que con dinero europeo se ha ejecutado ese faraónico tráfico de armas. No recuerdo que el papelín de Polanco haya pedido siquiera una humilde disculpa al asesino, hoy confinado en su palacio de Ramala, que fletó el navío.

Y es verdad, Europa está invirtiendo dinero en cantidades monstruosas. Y en algo monstruoso: fortalecer el más delirante de los terrorismos que masacran el Cercano Oriente. En Palestina, hoy, los terroristas asesinan con armas y munición que Europa paga. Edificante.

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