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José María Albert de Paco

'Menjadora' de cinco tenedores

Pensé en la cantidad de sandeces que auspicia TV3, la cantidad de simplezas que, de no mediar ese altavoz, estarían condenadas a la marginalidad.

Pensé en la cantidad de sandeces que auspicia TV3, la cantidad de simplezas que, de no mediar ese altavoz, estarían condenadas a la marginalidad.

Se sospechaba que era mucho, pero no sé si tanto. El director, Eugeni Sallent, cobró en 2012 un sueldo bruto de 164.000 euros anuales y su predecesora en el cargo, Mònica Terribas (Sallent fue designado en abril de 2012), rondaba los 210.000. Hablamos, claro está, de TV3, más conocida como La Menjadora (el comedero). Después de años de reclamaciones de algunos diputados autonómicos, la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales al fin ha publicado la relación de salarios de los empleados. 

Los de directivos como Sallent o Terribas llaman la atención, pero el dispendio se aprecia a la clara en las categorías salariales más bajas, dicho sea con todas las comillas. Un conserje, 25.000 euros anuales; un ayudante de vestuario, 32.000; un ayudante de ambientación, 34.000; un chófer, 40.000. La zona más erógena del listado llega, como no podía ser de otro modo, con los lingüistas, que se llevan 42.000. Y subiendo. Un redactor raso está en 46.000; un redactor jefe, en 71.000, y un jefe de deportes, en 75.000. Setenta y cinco mil, sí, han leído bien. A la luz de las cifras, convendrán conmigo en que el problema no es que el director general gane 164.000, sino que los cuatro jefes de área con que cuenta Deportes se repartan un botín de 75.000. Y eso sin contar la infinidad de complementos salariales: bienios, trienios, nocturnidad, flexibilidad mensual, flexibilidad semanal, avance de jornada, horas extras, plus por festivo compensado, plus por festivo no compensado, etc.

Estamos hablando de una televisión que desde su puesta en marcha, el 10 de septiembre de 1983, no ha dado una sola exclusiva, una mísera noticia digna de tal nombre, nada, en fin, que pueda importunar al poder. Hace poco, el singular Jaume Barberà (¿80.000?, ¿90.000?) entrevistó en su programa a la monja benedictina Teresa Forcades y al altermundista Arcadi Oliveres, promotores de una plataforma asamblearia por el dret a decidir. No hace falta decir que el tercer promotor, si no el único y real, era Barberà, que les cedió el plató en horario de máxima audiencia para que diseminaran sus majaderías. Pensé entonces en la cantidad de sandeces que auspicia TV3, la cantidad de simplezas que, de no mediar ese altavoz, estarían condenadas a la marginalidad. Pensé también en las dificultades que arrostró Ciutadans en sus inicios, cuando, con el pretexto de que no era una formación parlamentaria, TV3 vetó los actos del partido.

Cerca de 2.700 empleados dedicados, como dijo Ramón de España en uno de sus más felices artículos, al casteller, al boletaire, al culé y al independentista. Imagínense que en TVE trabajaran 50.000 individuos, y que no tuvieran otro objetivo que promover la unidad de España. Bien, pues eso, en cierto modo, es TV3. Lo que nunca había entendido eran las ínfulas de algunos de los empleados. Ahora, tras la publicación de los salarios, al fin lo entiendo.

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