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Zoé Valdés

Disintur

Este Disintur es otro forro más de la dictadura con sus sembraditos en el exilio desde el inicio.

Imaginen por un momento que en medio de su encarcelamiento Nelson Mandela le hubiera empezado a entrarle la cosquilla por salir de viaje, y por priorizar su salida del país antes que de la cárcel, frente al régimen autoritario de Sudáfrica. Piensen por un momento que además, el régimen le hubiera concedido la oportunidad de realizar un periplo mundial cuando quisiera, para después volver a la prisión donde pasó sus más de dos décadas, que tampoco era una prisión como en las que encierran durante más de tres décadas a los presos cubanos, como fue el caso de Mario Chanes de Armas.

Les ruego un poco más de imaginación, y figúrense a Aung San Suu Kyi pidiendo a los militares birmanos, los mismos que asesinaron a su padre, que le permitiesen salir del país (una vez que hubo regresado para la enfermedad y muerte de su madre), con la intención de retornar en cuanto ella pudiese. Esa entrevista de hecho se llevó a cabo, y Suu Kyi fue informada personalmente de que no la autorizarían a entrar de nuevo en Birmania. Fue la razón por la que la Dama, como la llaman los birmanos, decidió quedarse en su país durante más de dos décadas para luchar por la libertad y la democracia. En ese tiempo fue condenada a prisión domiciliaria (si nos ponemos al igual que Mandela, de hecho), vivió separada de su esposo e hijos, que partieron al exilio. La historia ya la conocen ustedes. Pero supongamos que Suu Kyi hubiera podido viajar con la anuencia de los tiranos y regresar tan campante a continuar lidiando con los disidentes a los que les machacaban las vidas en el interior y a los que sencillamente asesinaban, y sin una amenaza a su familia, sin la más mínima prueba creíble de represalias en su contra.

En cualquiera de estos dos casos, probablemente el mundo no habría creído para nada a estos disidentes, ni en su lucha, y los habrían tirado a relajo. Bien, salvo raras excepciones, es lo que está haciendo el mundo, y en cualquier momento lo hará también la prensa, con los disidentes cubanos a los que Raúl Castro les ha permitido hacer un tour costoso, muy costoso para los tiempos que corren, y en algunos casos más que costoso, vergonzoso.

Han tenido buena prensa la mayoría, una prensa que no se dedicó a contrarrestar historias en la mayoría de los casos, aunque ya la cosa va declinando, ya van dejando de ser noticia, al parecer los han ido conociendo mejor.

El asunto es que salvo para auto promoverse de manera muy práctica como es el caso específico de varios de ellos, y para marcar encuentros a escondidas quién sabe con quiénes y cuáles representantes de qué, búsquenlos; son especialistas en llevar el mensaje del castrismo allí donde los sorprenda la noche, y la noche es larga y no tan suave como en la novela de Scott Fitzgerald.

A diferencia de los demás, cuatro mujeres han sobresalido por su valentía y verdad, Berta Soler y Rosa María Payá, y ahora Laura Labrada Pollán y Belkis Cantillo, dos Damas de Blanco, la primera hija de Laura Pollán, fallecida en circunstancias extrañas, la líder original de las Damas de Blanco, a la que sustituyó Berta Soler. Poco se ha hablado, sin embargo, al menos en Europa, de los disidentes negros, que seguramente gestionarán mucho más en sus conferencias y reuniones denunciando el racismo imperante en Cuba, me refiero a Manuel Cuesta Morúa, Leonardo Calvo y Juan Antonio Madrazo. Pero todavía la gente traga mal que en Cuba haya un racismo puro y duro, lo toman como si le mentaran la madre y la abuela juntas. Y pocos políticos europeos se reúnen con los negros cubanos. Obama, por otra parte, hasta ahora, no les ha hecho el menor caso. Él está muy ocupado en espiar periodistas. ¡Si eso lo hubiera hecho Bush!

El resto, bueno, qué decirles, que alguien me explique para qué ha servido este Disintur cubano, en qué ha cambiado Cuba en estos tres meses que llevan ya dando rueda y volando por el mundo entero de un confín a otro haciendo uso de gastos inimaginables, porque de hecho los viajes requerirían de una transparencia que aleje de ellos todas esas sospechas absurdas (y no tanto) que siempre los acompañan. Es probable que ni el mismo Václav Havel haya viajado tanto en tan poco tiempo para llevar para colmo un mensaje tan pro tiranía comunista como lo está haciendo esta disidencia, sabiéndolo o no.

La primera lectura que se hace del tema es que los Castro no son tan malos, pues miren, fíjense cómo permiten que sus disidentes viajen y se reúnan con ministros, cancilleres, presidentes, congresistas, etc… La segunda lectura: pues lo que los cubanos quieren entonces no es libertad ni democracia sin los Castro, qué va, ellos lo que anhelan es viajar, tener internet, twittear el día entero, y todo eso con los Castro y con sus herederos. Tan sencillo como eso, no hay más.

De modo que a mi juicio, este Disintur es otro forro más de la dictadura con sus sembraditos en el exilio desde el inicio, otro engaño, otra finta, con sus enviaditos especiales, por supuesto, colados con la intención de penetrar y destruir más de lo que ya lo han hecho los espías castristas lo que hemos construido durante años en el exilio, sobre todo en relaciones con esos mismos presidentes, cancilleres, congresistas, ministros, y ainsi de suite.

En cuanto al argumento melodramático y lacrimógeno de uno de ellos, que acaba de manifestar en Miami que debemos perdonar a los represores y ¡enviarles mensajes de amor y reconciliación! Para añadir enseguida que él esperaba que con su pasado castrista de represor los radicales del exilio lo recibirían de otro modo en Miami, pues eso es ignorar, desafiar e insultar la grandeza del exilio cubano, que no sólo lo ha recibido a él, sino que además ha permitido que en sus canales televisivos, teatros, festivales y ferias del libro aparezcan y se pavoneen esbirros con las manos manchadas de sangre, verdaderos asesinos (iguales a él, que seguramente mató a unos cuantos negritos anticomunistas en Angola), antes que presentar a un artista, o a un escritor exiliado, víctimas del castrismo.

Dos últimas preguntas que me hago: si todos esos viajes, conferencias, discursos, entrevistas, etc., les aportará algo y podrán mejorar su labor como disidentes, activistas, periodistas independientes o blogueros alternativos, queda, y ¿por qué razón tanto empeño en reunirse con los poderosos y muy poca o ninguna en reunirse con la gente de a pie, con "los indios", como les llama una amiga mía?

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