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Santiago Navajas

Rajoy y la (a)normalidad

Otro liberalismo es posible. Un liberalismo potente, moderno e innovador, alejado del típico capitalismo de amigotes.

Otro liberalismo es posible. Un liberalismo potente, moderno e innovador, alejado del típico capitalismo de amigotes.
EFE

Siendo John Nash (RIP) un estudiante de física en Princeton, fue al despacho de Einstein a explicarle la teoría que había desarrollado. Einstein le escuchó pacientemente para comentarle después que le parecía un gran trabajo matemático pero que era un sinsentido físico. Leo en el New York Times una reflexión de Nash sobre la manera de pensar out of the box o divergente: "Creo que hay una conexión entre no seguir la forma normal de pensar y desarrollar un pensamiento creativo. No habría tenido buenas ideas científicas si hubiese pensado de manera normal". Lo que me trae a la cabeza aquel comentario de Rajoy sobre que el PP es el partido de los "seres humanos normales". Es decir, de gente completamente diferente a Einstein o Nash. De lo que deduzco que ser llamado "anormal" debería pasar a considerarse el menos malo de los improperios. Incluso el mejor de los piropos, queridos y anormales lectores.

Claro que John Nash era un genio a tiempo completo, pero en sus peores momentos era también un enfermo mental, un esquizofrénico paranoico. Si Watson y Crick fueron los grandes científicos del siglo XX por descubrir cuál es el lenguaje de la vida, en el siglo XXI los laureles científicos se lo llevará quien consiga desentrañar el lenguaje de esa cosa tan resbaladiza y sui géneris que llamamos mente. Gracias a los descubrimientos en neurología, filosofía de la mente e inteligencia artificial comprendemos mejor por qué algunos cerebros funcional mal, pero seguimos sin comprender en detalle el funcionamiento de los normales. Es decir, sabremos cómo funciona (mal) un cerebro como el de Nash antes que el de alguien como Rajoy.

Nash fue premiado con el Premio Abel (el Nobel de las matemáticas) por sus trabajos en ecuaciones diferenciales y con el Nobel de Economía por sus hallazgos en teoría de juegos, que tantas aplicaciones tiene en las ciencias biológicas y sociales. Como, por ejemplo, en los sistemas electorales. Aunque Rajoy sea –"y a mucha honra", diría él– una persona normal, a estas horas estará aplicando la teoría de juegos del extraordinario John Nash –"demasiado extraordinario", pensaría el matemático norteamericano– a la próxima convocatoria electoral.

Uno de los más famosos juegos es el que se desprende del teorema del votante mediano (debido a Anthony Downs), según el cual la mejor estrategia electoral consiste en situarse en el centro del espectro (sea cual sea tu ideología), porque de esa forma conseguirás el mayor número de votos. Por dicho teorema es por el que los políticos abandonan sus principios más escorados ideológicamente para pasar por gente de centro. De ahí que alguien como Rajoy abandone una reforma como la del aborto o que Iglesias y Errejón dejen de lado a quien como Monedero no está dispuesto a sacrificar sus ideales revolucionarios en el altar de la táctica de las urnas. Digamos que, y simplificando en una concisa ecuación política, a más Nash-Downs, menos Vaticano y menos Che Guevara.

La gran esperanza de Rajoy, por tanto, es que, de aquí a las próximas elecciones, y habiendo llegado Podemos al poder municipal y autonómico, los de Iglesias no resistan la tentación y la presión revolucionaria de sus bases, arrastren en pactos al PSOE hacia el extremo ideológico y le dejen libre el centro del tablero. Y es que, como en el ajedrez, el dominio táctico del centro del espacio suele llevar aparejado el triunfo estratégico. La jugada de Esperanza Aguirre de ofrecer la alcaldía a Carmona, sabiendo que iba a ser rechazada, tiene su lógica, ya que de esta forma empuja al PSOE hacia Podemos, expulsándolo del centro del tablero electoral y dejándolo en trance de ser fagocitado por el partido bolivariano como lo ha sido IU.

También cabe la posibilidad de que Rajoy esté consultando la bola de cristal de Cospedal o el tarot de Arriola. Al fin y al cabo, eso es lo que suelen hacer los "seres humanos normales", consultar el horóscopo, en lugar de andarse con jueguecitos infantiles y teoremas raros. El problema del PP no es de personas, que también, sino de ideas. De ideas anormales, atrevidas, originales, disruptivas. Es la hora de leer menos el Marca y más a los economistas y a los filósofos. Si Margaret Thatcher proclamó que su filósofo y economista de cabecera era Friedrich Hayek, si Tony Blair se puso bajo la filosofía de la tercera vía del sociólogo Anthony Giddens, hace falta que el PP deje de ser un partido meramente gestor, burocrático y desideologizado y busque un referente filosófico en un liberalismo potente, moderno e innovador, alejado del típico capitalismo de amigotes, de gomina, corbata y puro que ha dominado el palco del Bernabéu y aledaños. Otro liberalismo es posible.

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