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Daniel Blanco

La soledad de Koeman

Ninguna persona debería estar expuesta a esta infamia pero da un poco de grima que sea Ronald Koeman el damnificado. Un héroe del barcelonismo por aquel gol en mayo del 92 en Wembley.

Ninguna persona debería estar expuesta a esta infamia pero da un poco de grima que sea Ronald Koeman el damnificado. Un héroe del barcelonismo por aquel gol en mayo del 92 en Wembley.
Koeman, en problemas | Cordon Press

Estará equivocándose en el césped, desde su banquillo, ese punto al que todos miran, al que todos crucifican, creyéndose en la potestad de poder hacerlo sin tener ningún derecho a ello. La crítica al entrenador va ligada al mundo del fútbol. Ronald Koeman lo sabe pero no debería confundirse crítica con vandalismo, con hacer ver que estás solo ante el peligro, literal, porque puedes ser agredido físicamente.

No debería consentirse que nadie en su sano juicio vaya a esperar a un entrenador a la salida del estadio para dirigirle improperios varios y empezar a darle patadas a su coche. Eso debería estar eliminado de la sociedad o, al menos, poner más empeño para evitarlo siendo además un clásico del fútbol español el que se disputaba. La seguridad brilló por su ausencia y Koeman sintió el miedo en un momento de la tarde al ver la avalancha de descerebrados agolpada en su vehículo. Quizá, por la edad de casi todos, ninguno sepa qué supone el técnico en la historia culé.

No debería consentirse pero la sociedad ha cambiado. La idiotez asumida como parte de la vida real es trágica. Vale más ir a chillar a un entrenador que estar estudiando. Vale más codearse con los amiguitos para ver quién es más chulito que ser de provecho. Vale más la red social, hacerse la foto de rigor subido al capó de un coche en marcha. Esto es así y, desde hace unos años, es mucho peor que lo que nos tenían acostumbrados hace mucho tiempo. Esto siempre ha existido pero la edad es cada vez menor en los malhechores.

Ninguna persona debería estar expuesta a esta infamia pero da un poco de grima que sea Ronald Koeman el damnificado. Un héroe del barcelonismo por aquel gol en mayo del 92 en Wembley. Fue la primera Copa de Europa, el salto definitivo para dejar de ser el hazmerreir de los rivales más clásicos. Koeman puso la primera piedra para que la historia empezara a relucir y, desde hace dos años, está sólo. Dejado de la mano de Dios. Fichó por el Barcelona porque él quiso pero tampoco es excusa esa para que ni Bartomeu primero ni para que, sobre todo, Laporta le hayan tratado mal.

Sabe Koeman que está abandonado pero no perdonará un euro en su despedida, si es que esta llega en algún momento. Es de todos sabido que el técnico no ha dado con la tecla. Pero una cosa es esa y otra que sea un despojo humano. Y eso tampoco se debería consentir. El técnico tratará de ser constante, de buscar algo de luz en un túnel muy largo, cada vez más cerrado, sin salida.

Y así está el Superman del 92, convertido en un villano de época. Cuando la memoria no recuerda nada y la historia no te hace justicia es posible que uno se canse. Y Koeman está abatido, cansado de decir las cosas que todo el mundo ve. Que no hay plantilla para mucho más. Sucede que uno de sus jefes, el mayor responsable de la planificación de la plantilla, Ramón Planes, dijo ayer lo mismo. "Hay que acostumbrarse a que esto es lo que hay". Y eso, en palabras de Planes, aparte de ser una vergüenza, es un auténtico drama.

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