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Cayetano González

Que te vote Txapote

Todo indica que nos aproximamos a un fin de ciclo político, el del sanchismo, que será recordado como el peor de nuestra historia reciente.

Todo indica que nos aproximamos a un fin de ciclo político, el del sanchismo, que será recordado como el peor de nuestra historia reciente.
Pedro Sánchez, a su llegada a Sevilla | Europa Press

La próxima meta volante electoral importante será el domingo 28 de mayo del año que viene. Ese día, los ciudadanos están llamados a las urnas para elegir a los Alcaldes de todos los Ayuntamientos, y en trece Comunidades Autónomas —todas menos el País Vasco, Cataluña, Galicia y Andalucía— para votar y decidir los gobiernos de sus respectivas Comunidades.

Todo esto, si el Presidente del Gobierno no decide adelantar las elecciones generales —que en principio tocan a finales de 2023— o hacerlas coincidir con las municipales y autonómicas. Es obvio que Sánchez hará lo que más le convenga para sus intereses políticos, y eso pasa por convocar las elecciones generales cuando las encuestas le sean menos desfavorables de lo que le son en estos últimos meses. En caso de duda, la tendencia general de quien está en el poder es la de alargar todo lo que se pueda la legislatura, en la confianza que el paso del tiempo atempere lo que a día de hoy se presenta como una sonora derrota del actual inquilino de la Moncloa.

Con ese panorama electoral en el horizonte, el Gobierno, los partidos se han puesto ya en modo electoral y de esa manera han arrancado el curso político después del periodo estival. Quien más "agitado" se muestra es el propio Sánchez, consciente que algo tiene que hacer para cambiar el signo de las encuestas, que, aunque no son infalibles, marcan una tendencia que en este caso es la de un triunfo del PP con una cómoda diferencia en votos y en escaños sobre el PSOE. Además, prácticamente todos los estudios demoscópicos coinciden en señalar que el PP, con la suma de VOX, tendrían una cómoda mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, lo que les permitiría formar un gobierno estable presidido por el líder popular, Alberto Núñez Feijóo.

Ante esta situación, Sánchez y su equipo de Moncloa comandado por el fiel y sumiso Bolaños han tocado a rebato: por un lado, el Presidente se va a prodigar de aquí a final de año en viajes y encuentros con la gente en unas treinta ciudades. Me apuesto pincho de tortilla y caña, que diría Luis Herrero, a que en esos encuentros habrá pocos paseos por la calle, poco contacto con la gente y sí mucho acto blindado, para evitar lo que es una evidencia: Sánchez ya no puede salir a la calle sin un riesgo alto a ser abucheado, insultado o que se cuele en su entorno un cartel en el que se pueda leer: "Que te vote Txapote", como le ocurrió este fin de semana en Sevilla, recordando de esta forma al sanguinario terrorista de ETA que participó u ordenó los atentados que costaron la vida, entre otras víctimas, de Gregorio Ordoñez, Miguel Ángel Blanco, Fernando Múgica, José Luis López Lacalle o Luis Portero. Javier García Gaztelu, alias "Txapote" fue trasladado la pasada semana por el Gobierno a una cárcel del País Vasco, sin mostrar arrepentimiento, sin pedir perdón a las víctimas y sin colaborar con la Justicia para esclarecer los cerca de 400 crímenes de ETA que todavía están pendientes.

El PP, y también VOX, tienen que ser conscientes de que, en los próximos meses, el Gobierno social-comunista del PSOE y Podemos no va a ahorrar ningún instrumento que tiene el poder para embarrar el terreno de juego electoral hasta límites insospechados. Y los dos partidos del centro-derecha tendrán que medir bien su reacción y su estrategia, porque tan malo sería adoptar una actitud pasiva ante los ataques que ya están y seguirán recibiendo, como entrar al juego del "y tu más", que es lo que la gente más detesta de la relación entre los partidos.

Todo indica que nos aproximamos a un fin de ciclo político, el del sanchismo, que será recordado como el peor —junto al protagonizado por Zapatero— de nuestra historia reciente. Pero convendrá no confiarse, porque el actual inquilino de la Moncloa se resistirá como gato panza arriba a perder el poder y para ello no regateará nada que esté en su mano para conservarlo. Ya lo ha demostrado de forma fehaciente en estos años con sus pactos con los independentistas catalanes y con los herederos políticos de ETA. Pactos que, sin duda, le pasarán factura a Sánchez en muchos lugares de España. El "que te vote Txapote" puede ser un clamor que no lo consiga parar ni todo el aparato político y mediático que tiene este Gobierno.

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