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Zoé Valdés

Hasta nunca, "Baja Comosinada"

Michelle Bachelet tuvo en sus manos la posibilidad de hacer justicia y se negó por la mera frivolidad e indecencia de ponerse del lado de los tiranos.

Michelle Bachelet tuvo en sus manos la posibilidad de hacer justicia y se negó por la mera frivolidad e indecencia de ponerse del lado de los tiranos.
La expresidenta de Chile, Michelle Bachelet | Efe

Terminó su pomposo mandato en la ONU la chilena Michelle Bachelet ¿alta comisionada por los derechos humanos? También en época anterior expresidente de Chile. Bachelet se despidió con más pena que gloria, por supuesto no voy a permitir que se retire o que se aparte, así como así, de rositas y tan campante, de lo que debió ser máxima una responsabilidad, una misión vital para ella, y que incumplió descaradamente.

Los cubanos no sembramos demasiadas esperanzas en la chilena sabiendo de la ideología que cojea, pero, como se dice que la esperanza es lo último que se pierde, nos dijimos que, igual, siendo ella hija de Alberto Bachelet, ex militar que se opuso al golpe militar de Augusto Pinochet, por lo que fue detenido y devino preso político, torturado por sus subalternos, cuyas torturas probablemente causaron su fallecimiento, tal vez reflexionaría acerca de los presos políticos cubanos, torturados en las cárceles castristas, de las víctimas del castrismo. Desgraciadamente (para ella) no fue así, y digo para ella porque de esa mancha inhumana nadie podrá liberarla.

Hubiera podido muy bien limpiarse de aquellas onerosas visitas a Fidel y a Raúl Castro, con quien se le veía muy a gusto, a juzgar por el semblante tan complacido que invariablemente mostraba en compañía de dos de los mayores asesinos que ha tenido la humanidad, pero Bachelet no pensó demasiado en eso, quizás ni le interesó nunca hacerlo; de modo que decidió rechazar el camino de la dignidad y continuar en el de la deslealtad y la vergüenza, el de la traición a su cargo.

Durante años —me consta—, Carlos Payá, hermano de Oswaldo Payá, Premio Sajarov por los derechos humanos, asesinado vilmente junto al joven Harold Cepero, estuvo recordándole mediante carta, firmada por más de 16 mil cubanos, que los familiares, los cubanos todos, necesitábamos que se iniciara una investigación acerca del asesinato por parte de la tiranía de Oswaldo y de Harold. Michelle Bachelet no respondió nunca, ni siquiera tomó el teléfono para efectuar una llamada de consuelo. Lamentable, oprobioso.

Recientemente los chilenos votaron NO a los cambios que propone el presidente comunista Gabriel Boric a la Constitución, que no es la de Augusto Pinochet, como se ha dicho, es más bien la del expresidente Ricardo Lagos, quien siendo socialista él mismo no se consideraba socialista, sino un independiente de izquierdas, o sea, una manera esquiva de serlo, una chilenada en definitiva. Los chilenos, sobre todo los jóvenes, dijeron NO a la imposición del comunismo, a la permanencia de un sistema que no ha traído más que miseria y muerte, porque, entre otras cosas, los chilenos, durante la época de Salvador Allende, vivieron ampliamente lo que es el social-comunismo y sus carencias, y memoria tienen.

Cuando vi en la televisión la votación tan acertada de los chilenos salté de alegría y la primera persona que me vino a la mente fue la "Baja Comosinada", me dije que lo estaría sintiendo, y aquí entre nosotros, me alegré un montón de que estuviera recogiendo lo sembrado: negación, indiferencia, rechazo al odio y a la ponzoña de esa ideología que esta mujer profesa y que le impide ser sencillamente humana, incluso hasta cuando ha cobrado por ello.

No, no se irá de rositas, Michelle Bachelet, ni siquiera si escribiera usted un libro, o alguien se lo escribiera por usted, con la intención de dar explicaciones, de arrepentirse, de pedir perdón a los cubanos y a los venezolanos, por haberse portado usted con ellos con el mismo desprecio con el que nos ha tratado la tiranía. Al menos yo me encargaré de recordarle siempre que tuvo en sus manos la posibilidad de hacer justicia y se negó por la mera frivolidad e indecencia de ponerse del lado de los tiranos, de la mentira y en contra de la compasión que merecen esos pueblos.

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