Menú

Las promesas incumplidas

Existir es sólo eso, ¿no? Ir dejando de hacerlo poco a poco. Ir renegando poco a poco de cuanto se dijo, de cuanto se quiso, de cuanto se prometió.

Existir es sólo eso, ¿no? Ir dejando de hacerlo poco a poco. Ir renegando poco a poco de cuanto se dijo, de cuanto se quiso, de cuanto se prometió.
Mbappé el día de su renovación con el PSG, a finales del pasado mes de mayo. | PSG-Twitter

Tengo un amigo que tiene un bar. No porque le pertenezca, sino porque lo ha hecho suyo por costumbre. A veces se sienta en el fondo y recibe a sus visitas como si fuese un capo de la mafia resolviendo sus negocios.

El tiempo pasa más despacio para los que nos tomamos demasiado en serio —me dijo el otro día, nada más sentarme frente a él.

En realidad no sé si me lo dijo a mí o se lo dijo a sí mismo, porque su mirada pasaba extraviada por encima de mi hombro y se perdía allí a lo lejos, en la barra, donde yo me imaginaba a un barman limpiando vasos en soledad. Al rato posó los ojos en su copa, acarició los bordes y chasqueó la lengua, melancólico, como suelen hacer quienes quieren desahogarse pero prefieren generar expectación.

—Para nosotros, cuatro meses pueden llegar a ser eternos, por lo poco que nos cambia el interior —dijo al fin, al ver que yo no me arrancaba.

Como le conozco bien, sé que cuando se pone así lo que hay que hacer es escucharle. No nos habla a nosotros, que en ese momento somos como un espejo para él. Habla para su reflejo. Y a nadie le agrada que su reflejo le interrumpa.

—¿Sabes lo que pienso? —y me miró a los ojos de una forma tan repentina que estuve a punto de cagarla y responder—. Pienso que hay que tomarse demasiado en serio para sostener una promesa. Tal vez sea un puto ingenuo. Pienso que algo funciona mal en el mundo si es posible querer a alguien de verdad y dejar de hacerlo. Y empezar a querer a alguien diferente en cuatro meses. Y a otra persona en ocho. Y a otra persona en diez.

Empezaba a comprender de qué iba todo aquello. Y aunque a esas alturas ya me estaba preguntando qué es peor en una situación así, si hablar de más o hablar de menos, me quedé callado todo el tiempo que permaneció callado él.

Uno de los mayores misterios del tiempo es que no sirve para nada —se arrancó otra vez—. Sólo para esfumarse.

—Hombre. Tampoco hay q…

—El presente es un absurdo. Ya ha pasado. Ya no está. Y lo que ahora es verdad mañana será mentira y al otro se habrá olvidado y después de muertos ya no existirá.

El silencio se hizo denso. Creo que le escuché carraspear.

Existir es sólo eso, ¿no? Ir dejando de hacerlo poco a poco. Ir renegando poco a poco de cuanto se dijo, de cuanto se quiso, de cuanto se prometió…

Quise preguntarle si aquel arranque filosófico se debía a su ascendencia francesa, pero no me atreví a hablar.

—Si no, las cosas no serían tan cambiantes. Coño. Si no, lo que sentimos ahora y lo que hacemos ahora tendría algún valor. Pero yo no creo que nada valioso exista si está abocado a desaparecer.

Después de eso tomó aire, no atreviéndose a decir lo que quería decir.

Existir es no existir, sólo que no tenemos huevos a reconocerlo —concluyó. Y ya no dijo nada más.

Al levantarme para irme le hice un gesto al camarero, preguntándole desde cuándo le había visto así. Me sorprendió la rapidez de su sonrisa. Y su dedo señalando al periódico que descansaba encima de la silla, a pocos palmos de mí. Un titular, en grandes letras, respondía: "Mbappé quiere dejar el PSG".

Temas

En Deportes

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj