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Jesús Laínz

Lo nunca visto

Los opinadores calentófilos se alimentan de los titulares "nunca vistos" que encajan en sus dogmas y no prestan atención a los que los contradicen.

Los opinadores calentófilos se alimentan de los titulares "nunca vistos" que encajan en sus dogmas y no prestan atención a los que los contradicen.
Inundación en París en 1910. | Wikimedia Commons

Efectivamente, este verano ha hecho bastante calor. Y, al menos en España, ha llovido bastante menos de lo habitual. En radio, prensa y televisión nos han repetido mil veces que se ha tratado de algo nunca visto.

Pero echando un vistazo superficial a los datos, nos encontramos con que llegar a esa conclusión quizá sea precipitado. Sin necesidad de alejarnos en el tiempo, en algunas partes de España, por ejemplo la cornisa cantábrica, el trimestre veraniego de 2021 fue inusualmente lluvioso. La media de precipitación acumulada en esa zona de España en el trimestre veraniego, para las cuatro décadas que van desde 1981 hasta hoy, es de 160 milímetros. Este verano han caído 140, un 12,5% menos que la media. Pero en 2021 cayeron 265, un 66% más que la media. Sin embargo, la excepcionalidad que se señala sin cansancio es la de la sequedad de este año. Los años anteriores, si llovió mucho, no cuentan. Y no abren los telediarios.

Echemos un breve vistazo a los titulares de la información que, sobre fenómenos "nunca vistos", está a disposición de todos en los registros climáticos oficiales:

1817: Huracán nunca visto y granizadas violentas en Huelva.

1835: Las inundaciones más copiosas que se han conocido en Granada.

Mayo de 1844: Extraordinarias nevadas en Barcelona a sólo un mes del verano.

Julio de 1849: Tempestad en el Maresme como no recordaban otra igual los más ancianos.

1856: Grandes nevadas, granizadas y lluvias torrenciales en Vizcaya en pleno mayo.

Verano de 1858: Horrorosas tempestades, granizadas e inundaciones en Lérida y Sevilla.

1878: Galerna nunca vista en el Cantábrico. Trescientos veintidós pescadores muertos.

Riada de santa Teresa de 1879: Inundación no superada del Segura. Más de mil muertos.

1888: Nevadas nunca vistas en el norte de España. Entre febrero y marzo, cientos de pue-blos sepultados bajo varios metros de nieve. Graves inundaciones al llegar el deshielo.

1891: Inundación apocalíptica el 11 de septiembre en Consuegra (Toledo). Trescientos cincuenta y nueve muertos. El mismo día, enorme riada en Almería. Decenas de muertos.

1893: Extraordinaria sequía con graves consecuencias.

1906 y 1908: Insistentes sequías provocan graves daños en el campo.

1911: Huracán que no tiene ejemplo en los recuerdos de los más ancianos de Asturias.

1912: No se recuerda en el norte de España un invierno y una primavera tan secos como los de este año. Y ciento cuarenta pescadores muertos por una galerna extraordinaria.

1917 y 1918: Grave sequía de dos años de duración.

1926-1928: Sequía inusualmente prolongada en toda España. Prados agostados y ardiendo como las rastrojeras hasta en el Cantábrico.

1944: Grave y larga sequía. La precipitación anual media de España alcanzó en 1945 el segundo valor más bajo de toda la serie entre 1940 y 2003. El caudal de los ríos fue el más bajo del último medio siglo. Cortes de agua en las ciudades. Industria y tráfico ferro-viario paralizados. La sequía duró once años, hasta 1955.

1957: Gran riada de Valencia. Ochenta y un muertos. Provocó la construcción del nuevo cauce del Turia.

1960: Año de mayor actividad eléctrica y tormentosa desde que se tienen registros.

1961: Galerna extraordinaria en el Cantábrico. Ochenta y tres pescadores muertos.

1962: Riada nunca vista en el Vallés. Cerca de mil muertos.

Verano de 1965: Sequía excepcional en España. Embalses vacíos. Fuentes agotadas. Des-abastecimiento de agua en los hogares.

Invierno de 1975: Montañas sin nieve. Estaciones de esquí cerradas. Embalses secos.

Julio de 1982: Alerta roja por sequía en toda España, que comenzó en febrero de aquel año. Acabó prolongándose hasta noviembre de 1984.

Pantanada de Tous en 1982: Lluvias torrenciales que provocaron el derrumbe de la presa. Pueblos arrasados, cuarenta muertos y 300.000 personas sin hogar.

Gota fría del verano de 1983: Inundaciones nunca vistas en el norte de España. Treinta y nueve muertos.

Agosto de 1996: Tormenta violentísima en Biescas (Huesca). Ochenta y siete muertos.

En el resto de Europa y del mundo ha pasado siempre lo mismo: miles de episodios extraordinarios de frío, calor, lluvias y sequía. Y cuando suceden en África o Asia, no es infrecuente que provoquen cientos de miles de muertos. Por ejemplo, los ciclones del Índico, que han provocado en India, Bangladesh y países vecinos incontables víctimas durante siglos. He aquí algunos: 1582 (200.000 muertos), 1699 (50.000), 1767 (30.000), 1822 (50.000), 1847 (75.000), 1864 (60.000), 1876 (200.000), 1965 (20.000), 1970 (500.000), 1985 (40.000), 1991 (150.000), etc. Sobre este último se dijo en la prensa occidental que se trató del peor ciclón de la historia de Bangladesh, cuando sólo veinte años antes había habido uno tres veces más letal. Mala memoria y peor documentación, como suele suceder en estos casos.

También se han dado grandes contrastes entre países europeos e incluso entre regiones del mismo país. Por ejemplo, en septiembre de 1800 se sufrió un calor fuera de lo común en muchas partes de Europa mientras en Alemania se perdían las cosechas por el frío intenso. Dos años más tarde, en agosto de 1802, la mayor parte de Alemania se sofocaba mientras tiritaban bajo cero en la región de la Selva Negra.

Se conserva información sobre algunos episodios extraordinarios sucedidos bastante tiempo atrás. Por ejemplo, el calor intenso que se abatió sobre el norte de Alemania en 1679 provocó graves enfermedades y miles de muertos. En 1727 hubo epidemias en Inglaterra por el mismo motivo, lo mismo que en 1772 en Grecia, en 1780 en Italia y en 1781 en el Báltico ruso. En agosto de 1763 hubo grandes huracanes y nevadas en Francia y Suiza. En 1787 se desataron sobre Polonia tempestades devastadoras y después una sequía sofocante que provocó graves epidemias. Y ya por aquellos años hubo sabios que empezaron a mezclar churras con merinas atribuyendo a mutaciones atmosféricas el terremoto de Lisboa de 1755 y los italianos de años posteriores.

De tiempos más recientes podrían recordarse la sequía invernal de 1933, nunca vista en Gran Bretaña, con los ríos y los embalses al mínimo. O la sequía de 1959, igualmente devastadora, que dejó en Alemania embalses, ríos y lagos vacíos y que provocó el empleo de camiones cisterna para abastecer a la gente a la que no le llegaba el agua a casa. Y en 1976 Francia sufrió la que llamaron peor sequía del siglo, lo mismo que en Italia, donde las cosechas quedaron arrasadas y miles de animales de granja murieron o debieron ser sacrificados.

Pero los datos de un año u otro dicen poco porque el clima sólo puede ser valorado en periodos largos de tiempo. Y precisamente eso es lo que olvidan nuestros políticos y opinadores calentófilos, que se alimentan de los titulares "nunca vistos" que encajan en sus dogmas previos y no prestan atención a los que los contradicen.

www.jesuslainz.es

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