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José T. Raga

El humo Sánchez, desvanecido

¿Habrán constatado en Frankfurt que lo suyo son posturas, no gobierno?

¿Habrán constatado en Frankfurt que lo suyo son posturas, no gobierno?
Pedro Sánchez | Europa Press

¿Y qué queda cuando algo o alguien se desvanece? nada; sencillamente nada. De sus viajes –incomprensibles para buena parte de españoles– de los que esperaba gloria, hoy, de sus promesas, de sus compromisos y, de su arrogancia, no queda nada.

Cuánta verdad encierran las palabras de Qohélet [Salomón], hijo de David, rey de Jerusalén, que se recogen en el Eclesiastés 1:2, y que conocemos casi todos desde niños, algunos en lengua griega –que suena mejor–, pero que en español hemos repetido con frecuencia: "Vanidad de vanidades, todo es vanidad".

Adónde queda, señor presidente, el Falcon 900, los coches oficiales, los escoltas, las recepciones a mandatarios extranjeros, y las de éstos en sus propios países, la pleitesía de ministros carentes de opinión, si supone contradecir la suya, las ruedas de prensa ausentes de preguntas… sólo queda la vanidad, por suponer que la vanidad es algo.

Siendo benevolente, y unidos a nuestro Calderón, podría suponerse que todo ha sido un sueño. ¿Era realmente su sueño? Los sueños son propios del ser humano, aunque, en Calderón, el sueño termina, no por más cierto, menos cruel. Recuerde aquel pasaje de Segismundo: "Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe, y en cenizas lo convierte la muerte ¡desdicha fuerte!: ¡que hay quien intente reinar sabiendo que ha de despertar en el sueño de la muerte!".

En su sueño, señor presidente, nada ha hecho usted por reducir el gasto público, convirtiéndose así en servidor de una falacia irresponsable de quienes le auparon, según la cual, más gasto público significa mayor progresismo, cuando lo que realmente significa es mayor pobreza, al incrementar los impuestos desincentivando al sector productivo.

¿Qué ha pensado usted cuando ha visto la reacción del Banco Central Europeo, con cuyos miembros tantos abrazos y tantas sonrisas ha prodigado en sus múltiples visitas?

Tomar una decisión, sobre lo que sea, en este caso sobre su proyecto de impuesto a las entidades bancarias, por un Consejo tan heterogéneo como el de Gobierno del Banco Central Europeo, y tomarla por unanimidad, es algo que raya lo imposible; pero igual de imposible es lo que usted ha conseguido: que ese Consejo tan heterogéneo en pleno, por unanimidad, haya aprobado, el texto –Dictamen– por el que se rechaza rotundamente el proyecto presentado por usted del mencionado impuesto.

Algo semejante podría haber ocurrido con el de las eléctricas, y por razones semejantes. ¿Es posible soñar alejándose tanto de la realidad?

Creía que, aun no cumpliendo, el Consejo alababa su gestión de los fondos europeos. ¿Sorprendido de que no sea así? Es negligencia punible recibir fondos y no asignarlos a los fines propuestos. Pero su diligencia estaba en abrir sepulturas y en lo trans.

¿Habrán constatado en Frankfurt que lo suyo son posturas, no gobierno? ¡Cuidado! porque España debe al B.C.E. más de 400.000 millones de euros; usted no está preocupado; los españoles sí.

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