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Pedro de Tena

El marketing de guerrilla, ¿para qué?

Nuestro guerrillero del marketing ha encontrado un método aún más expeditivo y certero para lograr sus objetivos.

Nuestro guerrillero del marketing ha encontrado un método aún más expeditivo y certero para lograr sus objetivos.
Nadia Calviño, esposa de Ignacio Manrique de Lara | EFE

Conocida es la frase, atribuida a Lenin por el socialista Fernando de los Ríos, que viajó a la URSS para informar a su partido de qué era y cómo se desarrollaba la revolución comunista de los bolcheviques rusos. La sentencia, que tuvo algo de sentencia de muerte para millones de personas, fue: "La libertad, ¿para qué?". Con ella quedó clara desde el principio la esencia de una dictadura criminal que, a pesar de sus millones de víctimas y su espantosa biografía histórica, algunos españoles se disponen a imponer a la mayoría de los ciudadanos en cuanto tengan oportunidad. Sufrido el Día de la Constitución a la que odian, ya sabemos que la tienen y que la pondrán en escena cuando puedan.

Por ello, por el momento, tal y como en su día utilizaron el movimiento real de los indignados del 15-M para expropiarles su capital político y mutarlo en el movimiento comunista bolivariano que se conocía –hay dudas de que aún exista– por el nombre de Podemos, por ahora sólo han podido utilizar, entre otros instrumentos más poderosos, las redes sociales, que son en realidad redes digitales, de manera sistemática, penetrante, amoral —igual da que sus financieros sean rusos, iraníes, chavistas o cubanos—, para emitir mensajes, invadir colectivos, reventar chats, ocupar foros o coser o cortar hilos que conducen al objetivo perseguido. También se han casado políticamente con el PSOE, que se ha vuelto de su misma opinión tras dormir, con pesadillas y todo, en el mismo colchón.

No crean que esto de las redes digitales, que incluyen artimañas sofisticadas de marketing, es inútil, no. Lo que ocurre es que es un camino muy largo, inútil, a veces e incierto, como Pascal calificaba a Descartes, el rey Sol de la Razón. Les pondré un ejemplo: el marketing de guerrilla. El nombre no es original sino que está titulando un artículo de Ignacio Manrique de Lara, que es el marido de la vicepresidenta y ministra de Economía, Nadia (que no es el femenino de nadie, aunque insista en ello Irene Montero) Calviño. A día de hoy el artículo de tan descomunal experto ha tenido 409 lecturas desde 2021. Portentoso.

Verán. El marketing de guerrilla no es un producto digital, que nació antes de esta era, pero nuestro experto cree posible adaptarlo al entorno on line. "Se trata, en definitiva, de hacer destacar una empresa a través de diferentes herramientas que, por lo general, coinciden en ser poco convencionales, creativas y contar con un bajo presupuesto". Aunque es tímido, creo que cuando dice empresa puede querer decir también persona, lanzar a alguien a un puesto de ensueño, a un primer plano, a un currelo "viral" de 100.000 euretes o más al año, tras hacerse viral por otros medios online y offline.. Perdonen que use tantas palabras inglesas pero es la jerga de nuestro amigo.

Según él, el marketing de guerrilla "engloba una serie de acciones de promoción en las que el presupuesto no es tan importante como la creatividad y la originalidad", que tienen en común el ser "inesperadas, poco convencionales, interactivas y creativas". Uno de estos procedimientos es la creación de concursos. No hace falta la publicidad, anda, ni siquiera online y tan intrusiva ella, porque en el concurso los usuarios prestan atención a si tienen la posibilidad de ganar algo a cambio.

Lo mejor, como exigían los fenomenólogos, es ir, mejor volver, a las cosas mismas. Y una de las cosas mismas es que el compañero Manrique de Lara ha debido probar su receta de guerrillas presentándose a un concurso –eso suponemos, porque a saber cómo lo ha logrado—, en el que ha sido seleccionado como ganador con arreglo "a los principios de mérito y capacidad en relación con las características del puesto de trabajo a desempeñar". Esto es lo que se ha contado de su contratación fulminante por Patrimonio Nacional, organismo público que depende del gobierno de España.

Pero nuestro guerrillero del marketing ha encontrado un método aún más expeditivo y certero para lograr sus objetivos, tanto que hace inútil el marketing digital que predica para ascender en la escala digital y económica. Es sencillo y fácilmente comprensible. Ignacio Manrique de Lara, marido de Calviño, reiteramos, ha sido contratado por el organismo público en el que manda Ana de la Cueva, que, a su vez, fue contratada por la ministra como Secretaria General de Economía durante tres años. Es facilito de comprender.

Si Lenin, más sincero, exclamaba esa barbaridad de "libertad para qué", nosotros deducimos que el mismo destino debe tener el marketing de guerrilla y otros. ¿Para qué tanto artículo y tanto rollo cuando de lo que se trata es, sencillamente, del practicar el viejo caciquismo, zurcido por el impresionante nepotismo socialista que hace inútil el concurso de cualquier otra cosa que no sea el milagro digital, no el de las redes, sino el del dedo, el a dedo de todos los tiempos pasados y presentes?

No, hombres y mujeres, no. Si la Santa Madre Iglesia ya constató que el que no tiene padrino no se bautiza, nosotros constatamos que la eficacia del dedazo político supera a toda guerrilla de marketing. Así que, ¿para qué?

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