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Antonio Robles

Miente una vez y serás un mentiroso, miente mil...

Miente una vez, y serás un mentiroso, miente mil, y serás considerado un estratega político.

Miente una vez, y serás un mentiroso, miente mil, y serás considerado un estratega político.
Pedro Sánchez | EFE

Pedro Bolaños sentenció, "El proceso ha terminado". "Aquí no s’ha acabat res", le replica el lema de la concentración independentista convocada por la ANC, Òmnium Cultural, ERC, CUP y el Consell de la República contra la cumbre de Sánchez y Macron en Barcelona.

Ver adobar a TV3 de bon matí el recibimiento secesionista a Pedro Sánchez hace evidente que unos u otros mienten. O ambos. Por cierto, el corte de la autopista A-7, el de la Avd. María Cristina, Ronda de la Universidad, o la concentración bajo las fuentes de Montjuic no fue el grueso de la manifestación, sino el publirreportaje inacabable y Tezanesco de TV3 que lleva la sedición a todos los hogares de Cataluña. El latido de la república catalana en imágenes 4D. La tabarra de todos los días.

Al paso que vamos, Pedro Sánchez pasará de ser un mentiroso compulsivo al mismísimo príncipe de Maquiavelo, alguien a quien admirar por la estrategia desplegada para eliminar a cuantos se opongan a su poder.

Miente una vez, y serás un mentiroso, miente mil, y serás considerado un estratega político. A rebufo de: "Mata a un hombre y serás un asesino; mata a millones y serás un conquistador; mátalos a todos y serás Dios" (Jean Rostand).

¡Qué cosas las del poder! ¡Cómo se devalúa la democracia en manos de un pueblo sin respeto alguno por la verdad! O si quieren, por amar la fascinación por el poder, antes que por evitar su abuso.

Tenemos sacralizada la democracia, sin reparar que una democracia sin demócratas no es nada. Porque la democracia se empieza a devaluar en cuanto los sistemas institucionales que garantizan su salud se relativizan y se transige con el contrabando de la ley. Y comienza a disolverse cuando el pueblo que la debiera defender la tunea para servir a los suyos en nombre del miedo al otro. A pesar de las mentiras.

No pregunten cómo hemos llegado a esto. Reparen en Pedro Sánchez, no son las decisiones políticas en sí, por muy mafiosas que sean, sino su falta de escrúpulos, su desprecio por la verdad, el descrédito de la coherencia y la disolución de cualquier referencia moral en las decisiones. Sin referencias contradictorias a qué atenerse, la verdad y la mentira, lo correcto y lo incorrecto se disuelven en una confrontación de intereses sin reglas, donde la referencia es el propio interés frente al ajeno. Todo reducido a ese enfrentamiento binario donde la conciencia no opera más que para engendrar odio contra el adversario. Cuando tal perversión ha cuajado en los propios partidarios, la democracia sólo es un pretexto para perpetuar el crimen.

Les estoy describiendo la campaña electoral que nos espera hasta las elecciones de aquí a un año. Así que si no tienen trinchera, vayan buscándola, porque fuera de ella, los disparos cruzados no distinguen entre ciudadanos y súbditos.

Si los electores no lo remedian, habrá que plantearse cómo fue posible que un Gobierno pudiera sacar de la cárcel a violadores en nombre de los derechos de la mujer, mangonear el código penal a gusto de delincuentes, o rebajar sus penas por malversación provocando beneficios carcelarios sobrevenidos a cientos de corruptos. Y después de eso, tenga el cuajo de montar la de dios es cristo porque un mindundi de Vox atrapado en el Concilio de Trento se empeñó en chantajear emocionalmente a las embarazadas con técnicas digitales del S.XXI. Algo muy similar al CIS de Tezanos empeñado en condicionar electoralmente a la ciudadanía con preguntas insidiosas y cocina pestilente, o la Tabacalera con imágenes y frases apocalípticas impresas en las cajetillas a todo color. Por sus latidos, sus preguntas y sus imágenes, los conoceréis.

La sobreactuación del gobierno y las declaraciones interesadas de sus portavoces, amplificadas por medios públicos y privados con bayoneta calada, todos hasta el cuello de barro y trinchera, son la viva imagen de nuestra democracia. Si el poder puede hacer esto, y lo más granado de los medios se reduce a santificarlo… si la oposición carece de audacia para desenmascararlo porque espera sustituirlo para hacer lo mismo… y los ciudadanos se alistan a esa guerra de trincheras… todo es legítimo. También la guerra en defensa propia. Esto es lo que nos jugamos, la vuelta a la tribu.

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