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Emilio Campmany

Sánchez en la madriguera del dragón

Lo único que nos hace idóneos para esta misión que China quiere encomendarnos es que el nuestro es el único Gobierno occidental con comunistas.

Lo único que nos hace idóneos para esta misión que China quiere encomendarnos es que el nuestro es el único Gobierno occidental con comunistas.
El sátrapa chino saluda a Sánchez con displicencia en la cumbre de Bali. | Cordon Press

De urgencia, Xi Jinping ha invitado a Pedro Sánchez a Pekín para una visita de Estado. "¡Te lo juro por mi madre!", diría un socialista de la Transición, como cuando a Cosculluela lo hicieron ministro. Félix Bolaños, más pelota que Javier Arenas, pero sin gracia, se ha apresurado a decir que la llamada prueba lo importante que en el mundo es su señorito. ¿Será posible que por ahí fuera no se hayan dado cuenta de lo insustancial que es nuestro presidente? Porque parece que la invitación tiene que ver con la propuesta de paz china que Xi acaba de presentar a Putin y haberse éste mostrado dispuesto a aceptarla como punto de partida. Xi necesita, antes de hablar con Zelensky, que alguien avale su idea en Occidente hasta que Estados Unidos se avenga a discutirla. Naturalmente, si Xi hubiera querido a alguien influyente a la par que proclive a una solución negociada, habría recurrido a Emmanuel Macron o quizá a Olaf Scholz. Lo que no tiene sentido, por mucho que diga el cobista, es escoger a alguien con tan poco seso y peso como Pedro Sánchez para un trabajo tan relevante.

¿Entonces? Por desgracia para España y su imagen, Pedro Sánchez reúne una circunstancia que lo hace único porque no se da en el resto de líderes occidentales. No sólo está que haya mandado a Ucrania tan pocas armas que, si de nosotros dependiera, los rusos ya estarían en la frontera con Polonia. No sólo está que compramos a los rusos más gas que nunca, demostrando lo poco que nos importa que Putin gaste nuestro dinero en matar ucranianos. No sólo está la tradición antinorteamericana y antiatlantista del PSOE. No sólo está que seamos el miembro de la OTAN que menos gasta en defensa. El único verdadero elemento que nos hace idóneos para esta misión que China quiere encomendarnos es uno que los herederos de Mao aprecian mejor que nadie, y es que el nuestro es el único Gobierno occidental con comunistas sentados en él. Además, son de los que no disimulan su frontal oposición a defender a Ucrania de la criminal agresión de Putin. Es verdad que Pedro Sánchez no es comunista (aunque lo compensa con avinagrada necedad), pero también lo es que, más allá de sus buenas palabras, hacer, lo que se dice hacer, Pedro Sánchez es el líder occidental que menos ha hecho por el desgraciado país eslavo.

Y esto es lo que nos convierte, a los españoles, en los perfectos occidentales para apadrinar el indefendible plan de paz chino ante nuestros aliados. Que la situación haga que nuestro presidente esté privado, como dicen en Canarias, y no quepa en sus ceñidos trajes azul cobalto y ya no haya quien lo aguante no es incompatible con que el resto de sus compatriotas debamos avergonzarnos de esta invitación. Porque se nos hace, no por nuestro coraje en la defensa de Ucrania, sino por nuestra criminal tibieza, de la que en buena parte es responsable el estar gobernados por comunistas. Y luego que los platós de los telediarios se nublen de incienso hasta hacer indistinguible la triste realidad.

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