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Amando de Miguel

La hegemonía del progresismo basal

Curiosamente, ese esquema mental del progresismo basal se parece mucho a lo que, hace un siglo, representó el orto de los fascismos.

Curiosamente, ese esquema mental del progresismo basal se parece mucho a lo que, hace un siglo, representó el orto de los fascismos.
Pedro Sánchez y Yolanda Díaz. | EFE

En lo que sigue, me atrevo con el calificativo de "basal". Equivale a "básico", pero, de una forma instintiva, indeclinable, perteneciente al organismo en cuestión.

Resulta arduo (aunque, no complicado) trazar el mapa de la situación política española y su posible evolución. Todo consiste en desprenderse, metódicamente, de los personales deseos, intereses o atavismos. En el diagnóstico, el sesgo personal no interfiere tanto como la presunción de que las declaraciones de los gobernantes suplen la realidad. Asombra que el grueso de los comentaristas políticos monte sus análisis sobre lo que predican los señores del poder.

En la sociedad española actual, la mentalidad prevalente admite diversas etiquetas autoadhesivas: progresistas, de izquierdas, socialistas, socialdemócratas. Todas ellas tienen un regusto antiguo. Se podrían reducir mejor a la de "progresistas basales". Su atractivo es que proporciona seguridad al sujeto que la mantiene. Presenta la inmensa ventaja de identificar el colectivo culpable de las desigualdades y padecimientos de los que se consideran "vulnerables": oficialmente, la "clase media trabajadora". Equivale a los herederos del histórico proletariado. Identifican los culpables de sus injusticias: los "ricos", "las grandes fortunas", los que se sitúan, fiscalmente, en un territorio multinacional. La creencia generalizada es que esos pocos, verdaderamente, ricos "no pagan impuestos". El sacrificio fiscal recae sobre las sufridas clases medias trabajadoras. Curiosamente, ese esquema mental del progresismo basal se parece mucho a lo que, hace un siglo, representó el orto de los fascismos. Lo paradójico es que los progresistas de hoy utilizan el dicterio de "fascistas" o "fachas" para calificar a sus oponentes.

Detrás del progresismo basal imperante, late el viejo mito del "reparto" como talismán para resolver todos los problemas sociales. El mejor reparto actual es que funcionen unos potentes servicios públicos; es decir, un Gobierno intervencionista metomentodo. La estructura descrita es la que proporciona completa seguridad. Tanto es, así, que se llama "Seguridad Social". La expectativa es que haya muchos ciudadanos (y ciudadanas, claro) que coticen a esa Seguridad Social, aunque sea trabajando pocas horas o de forma "discontinua" (antes, "eventual"). El acuerdo es máximo en que debe gravarse un "impuesto especial a las grandes fortunas", procurando que los ricos no evadan su obligación, yéndose a los "paraísos fiscales".

En los tiempos actuales, diluirse en una mentalidad de progresismo basal es más cómodo que asumir una ideología conservadora, siempre, reactiva. No cuesta gran cosa aceptar la vacuidad del ecologismo, el feminismo, el intervencionismo gubernamental. Satisface mucho la creencia de que los "ricos" tienen la culpa de todos los males, empezando por el "cambio climático", el "heteropratiarcado" o la tradicional pobreza. Se ofrece la meta del año 2030 para acabar con tales lacras a escala mundial.

En la situación política española, con un ramillete de partidos y de grupos de presión, la única forma de instalarse en el Gobierno es con pactos. Ahí, también, destaca la ventaja del bloque progresista. No tiene escrúpulos en asociarse con los debeladores de la Constitución y, aun, de España. En cambio, las fuerzas conservadoras encuentran muchos remilgos para pactar entre ellas. Es más, los dos partidos centrales, PP y Vox, son cuñas de la misma madera, de tal forma que una hace saltar a la otra. No importa gran cosa lo que revelen las encuestas. En cuestiones de mentalidad, la procesión va por dentro. Los dirigentes "peperos" no pueden ver ni en pintura, al hijo pródigo, que es Vox. De poco vale que los "voxeros" tengan razón en sus críticas. Vox clamantis in deserto.

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