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Emilio Campmany

El actual yugo español

Los socialistas españoles están tratando de imponer en Hispanoamérica un nuevo yugo, mucho más pesado y prieto, que se llama comunismo.

Los socialistas españoles están tratando de imponer en Hispanoamérica un nuevo yugo, mucho más pesado y prieto, que se llama comunismo.
La reina Letizia y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, siguen el discurso del presidente de Colombia, Gustavo Petro. | EFE

A Gustavo Petro se le ha dado la ocasión de retirar sus insultos a España y no lo ha hecho. Para justificarse, ha dado una lección de feudalismo en la que ha demostrado no tener ni idea, ocultando su ignorancia con un chorreo que sonaba vagamente a materialismo histórico, esa superchería donde todo se explica con la lucha de oprimidos contra opresores.

Si España sometió a algún yugo a alguien, hace tiempo que dejó de hacerlo. Sin embargo, hoy mismo, los socialistas españoles están tratando de imponer en Hispanoamérica un nuevo yugo, mucho más pesado y prieto, que se llama comunismo. El responsable visible es José Luis Rodríguez Zapatero, que ha encontrado al fin algo que se le da bien, ayudar a los dictadores socialistas y comunistas de Hispanoamérica a someter a sus pueblos. Su trabajo consiste en lograr que puedan hacerlo con la indiferencia de Occidente, sin que nadie proteste, especialmente los españoles y sus medios. Sólo Dios y Ferraz saben cuánto cobra por sus servicios.

El PSOE lleva desde su legalización protegiendo al régimen comunista cubano frente a la comunidad internacional. Ha hecho lo mismo con el régimen sandinista de Nicaragua, aunque allí, quizá por inexperiencia, no supo evitar un breve interregno de libertad que Daniel Ortega abortó mientras el resto del mundo miraba hacia otro lado. Luego, el PSOE aprendió y tuvo su mayor éxito con el triunfo del chavismo en Venezuela. En eso, quien tiene más mérito no es Zapatero, sino Josep Borrell, que es el responsable de que toda la Unión Europea se haya encogido de hombros y haya contemplado impertérrita cómo el régimen chavista liquidaba las libertades en Venezuela y empobrecía el país hasta el hambre. Los socialistas españoles se han asegurado de que los venezolanos pierdan toda esperanza de retorno a la democracia y a la prosperidad defendiendo al régimen criminal en la escena internacional mediante el señuelo de una falsa negociación que no conduce a ninguna parte, como muy bien sabe Borrell. La supervivencia del régimen comunista en Caracas ha sido crucial porque desde allí ha salido la ayuda para imponer por medio de elecciones democráticas a mandatarios comunistas en países donde hace pocos años era impensable que radicales de la calaña de Gabriel Boric o Gustavo Petro pudieran triunfar. Se hizo por medio de revueltas extraordinariamente violentas de un parecido asombroso en ambos países. Y ahí estuvo el PSOE para asegurarse de que en Occidente se permitiera que esas naciones, otrora prósperas y libres, se deslizaran hacia las dictaduras de izquierdas a las que inexorablemente hoy se encaminan. Están también los casos de Bolivia y Ecuador, arrastrados a una latente guerra civil, o el muy parecido supuesto de Perú. Por no hablar de la cleptocracia roja impuesta en Argentina o el sumidero de violencia y narcotráfico al que el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, otro al que le gusta insultar a España para ocultar sus fechorías, está arrastrando a México. Hispanoamérica inclina la cabeza para someterse al yugo del comunismo y quien se lo unce por el cuello es el PSOE. Y los demás españoles lo consentimos.

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