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Emilio Campmany

Putin se la juega con Surovikin

Detener y destituir a su general más prestigioso conlleva el riesgo de perder el respaldo de la derecha nacionalista rusa.

Detener y destituir a su general más prestigioso conlleva el riesgo de perder el respaldo de la derecha nacionalista rusa.
El presidente ruso Vladimir Putin. | Europa Press

The New York Times informó de que el general Sergei Surovikin sabía con antelación los planes de Yevgeni Prigozhin y, sin embargo, no advirtió de ellos al Kremlin. Aunque no se sabe en el momento que escribo, se sospecha que el general, que no ha sido visto desde el sábado, está detenido.

Si efectivamente fuera así, el hecho podría tener importantes consecuencias. Surovikin es pendenciero, corrupto y despiadado. Es verdad que allí el tipo de general que abunda es el gris y mediocre, que sabe ante quien hay que inclinar la cabeza y a quien hay que reírle las gracias. Por eso son ministro de Defensa Sergei Shoigu y jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor Valery Gerasimov, que ahora es también el comandante supremo de las fuerzas armadas rusas en Ucrania. Pero la gran madre patria rusa acoge también en su seno a otro tipo de general, dotado para el mando y la estrategia que llega a los altos puestos gracias a la falta de escrúpulos y a métodos salvajes. Fue el caso de Georgi Zukov, brutal y brillante al tiempo. Ni siquiera Stalin se atrevió con él y tuvo que dejarle dirigir en 1945 el desfile de la victoria a lomos de un caballo blanco que el dictador no se atrevió a montar por temor a caerse de él. Surovikin pertenece a esta clase.

Durante el intento de golpe de Estado de 1991 fue detenido porque las tropas a su mando asesinaron a tres manifestantes. Fue igualmente acusado de tráfico ilegal de armas. Pero también puso su granito de arena en la victoria del Estado en Chechenia. Y es responsable de los éxitos militares rusos en la guerra de Siria, aunque logrados con bárbaros modos y crueles tácticas. Cuando la guerra en Ucrania pareció dar un giro a favor de Kiev, Putin lo puso al frente de su ejército, decisión que fue alabada con todo tipo de lisonjas por Prigozhin. Fue Surovikin responsable del gran éxito estratégico y logístico que fue la retirada de Jersón para atrincherar al ejército en una línea mucho más fácilmente de defender en la orilla oriental del Dnieper. Putin luego lo destituyó, quizá por celos o quizá porque no es con retiradas con lo que se gana una guerra, como dijo Churchill cuando le dieron la enhorabuena por la "victoria" de Dunkerque.

El caso es que Surovikin, inhumano y despiadado, es el general más prestigioso y brillante del ejército ruso con diferencia. Si Putin lo ha detenido y se propone juzgarlo y destituirlo, además de encarcelarlo, será una prueba de que su régimen no tiene cauce para que prosperen los generales brillantes y valientes, sino los incompetentes y aduladores. Eso conlleva el riesgo de perder el respaldo de la derecha nacionalista rusa que tiene a Surovikin, mucho más que a Prigozhin, que no deja de ser un arribista, como a uno de los suyos. Putin se siente obligado a imponer su autoridad y no puede permitirse, una vez que ha dejado que el jefe de los Wagner se exilie impunemente, seguir siendo generoso por no parecer débil. Pero, detener, destituir, juzgar y condenar a Surovikin es jugar con fuego. Ya veremos si no se quema.

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