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Rosa Díez

No estamos condenados

Me niego a aceptar que los españoles normalicemos que el psicópata puede pactar con quien sea y lo que sea.

Me niego a aceptar que los españoles normalicemos que el psicópata puede pactar con quien sea y lo que sea.
EFE

Me niego a aceptar que los españoles estemos condenados a ser gobernados por el único gobierno de los países democráticos que se sostiene gracias a la estrategia y los objetivos de los enemigos jurados y mortales de las democracias.

Me niego a aceptar que los españoles estemos condenados a que nuestro gobierno sea una anomalía en la Europa democrática.

Me niego a aceptar que se normalice entre los españoles la idea de que es más progresista un partido comunista que un partido de derechas.

Me niego a aceptar que es progresista un partido que aún hoy sigue defendiendo la historia de terror de ETA , que lleva terroristas en sus listas y que está dirigidos por terroristas condenados por sus actos. Considerar progresista a una formación política de esas características -como hacen Pedro Sánchez y el PSOE- es un insulto a los verdaderos progresistas, a los centenares de hombres y mujeres que fueron asesinados por defender los valores y principios democráticos frente a esas escoria que hoy sostiene el Gobierno de España.

Me niego a aceptar que sea progresista un partido dirigido por un prófugo de la justicia al que las autoridades europeas acaban de retirar la inmunidad. Considerarlo progresista – como hace Pedro Sánchez y el PSOE- es un insulto a todos los ciudadanos que en Cataluña siguen estando perseguidos por querer ejercer sus derechos como ciudadanos españoles.

Me niego a aceptar que sea progresista un partido que organizó un golpe de Estado desde Cataluña y cuyos dirigentes fueron condenados en firme y "amnistiados" por Pedro Sánchez y su gobierno a pesar (o quizá precisamente por eso) de que prometen que lo volverán a hacer. Considerarlos progresistas – como hacen el PSOE y Pedro Sánchez- es un insulto a todos los catalanes que cada día libran la batalla y tienen que enfrentarse a sus propias instituciones en defensa de la ciudadanía y de la Nación de ciudadanos libres e iguales.

Me niego a aceptar que se considere defensor de las mujeres y de los niños al Gobierno – colectiva e individualmente- que hizo una ley para rebajar condenas a los agresores sexuales de todo tipo y condición y que hasta el día de hoy ha puesto en la calle a más de cien de estos peligrosos delincuentes. Me niego a aceptar que, por contra, se considere "peligroso" para las mujeres a un partido que discute la terminología de "violencia de género" a la vez que propone reformas legales para defender, de forma efectiva y frente a los delincuentes sexuales y los violentos, a los más vulnerables de la sociedad, mujeres, niños y personas mayores. Me niego a aceptar esa perversión.

No es progresista un partido que para llegar y mantener el poder ha traspasado todas las líneas rojas del sistema democrático cerrando alianzas con lo mas abyecto de la sociedad, con un partido político cuya ideología es considerada por el Parlamento Europeo responsable de millones de crímenes de lesa humanidad y que está prohibido en muchos países de Europa –el partido comunista-; no es progresista un partido que para mantener el poder se alía con un partido dirigido por un delincuente prófugo de la justicia, sobre el que recae una orden de busca y captura–Puigdemont; no es progresista un partido político que confluye en su estrategia con un partido dirigido por un golpista condenado por sedición y malversación de caudales públicos –Junqueras-

Diré más. No solo no es progresista, sino que no es democrático un gobierno que se constituye en base a las descritas alianzas. Un dirigente político pierde su legitimidad de origen - haber sido votado por los ciudadanos- cuando para conseguir el objetivo de llegar al poder decide blanquear a los enemigos de la democracia para aliarse con ellos. Un político que se comporta como un verdadero demócrata -legitimidad de ejercicio- revisa su objetivo si para conseguirlo ha de traicionar la propia democracia. Porque no todo vale ni todo está "santificado" por los votos.

Me niego a aceptar que los españoles normalicemos que el psicópata puede pactar con quien sea y lo que sea. Por mucho que haya ocho millones de españoles que han votado al PSOE porque no les importa con quien pacta Pedro Sánchez y a que precio consigue el poder.

Me niego a aceptar como irreversible una situación en la que ocho millones de españoles han votado PSOE porque odian más a la derecha democrática que a los delincuentes y enemigos de la democracia con quien su jefe lleva cinco años demoliendo el sistema democrático. Hay que librar la batalla en la opinión pública, con constancia y sin complejos, para irla transformando y para que resurja esa tercera España que nuestros mayores diseñaron y defendieron en y con la Transición y de la que surgió la España en que vivimos, esa Nación que desmiente el viejo mito de que Europa empieza en los Pirineos.

Me niego a aceptar que estemos condenados a que en la España del Siglo XXI se cumpla el poema de Gil de Biedma : "De todas las historias la más triste es la de España porque acaba mal".

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