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Impactante regreso al Real Madrid de 'El punto y la i'

La dominante pareja Campazzo y Tavares dispara al Madrid hacia la final tras su partido más plácido ante el Barça en meses.

La dominante pareja Campazzo y Tavares dispara al Madrid hacia la final tras su partido más plácido ante el Barça en meses.
Campazzo (7) observa el tapón de Tavares a Willy Hernangómez | acb Photo/Mariano Pozo

Cuenta Pablo Laso en ‘Ganar para Contarlo’, su libro recientemente publicado junto al periodista Faustino Sáez, que el Real Madrid más dominante que recuerda en su algo más de una década prodigiosa en el banquillo blanco es el que construyó justo antes de que el coronavirus paralizara el mundo. Por encima de otras plantillas icónicas, incluso algunas campeonas de Europa, el vitoriano recuerda lo solvente que era aquel conjunto que ganó la Copa del Rey en Málaga en febrero de 2020.

Los referentes de ese Madrid eran Facundo Campazzo y Edy Tavares, que este sábado volvieron a reencontrarse en partido oficial con la elástica merengue desde la marcha del menudo argentino a la NBA. Y, como si no hubiera pasado el tiempo y ambos no tuvieran casi tres temporadas más en sus piernas, la sensación de exuberancia en la cancha de los dos volvió a ser pasmosa. Enfrente, el Barça más renovado en años: sin Jasikevicius, sin Mirotic y sin Sanli o Tobey, los pívots que abrían el campo para castigar físicamente a Tavares. Tiene trabajo por delante Roger Grimau ante su eterno rival, que solo ha movido una pieza este verano, precisamente la de un Campazzo al que nadie tiene que explicarle cómo se juega en el Madrid. La apuesta del Barça por un bloque nacional es interesante, pero, a tenor de lo visto en esta semifinal de la Supercopa, algunas de sus piezas claves tienen mucho recorrido por delante. Con Jabari Parker descubriendo los rigores tácticos del baloncesto europeo y Willy Hernangómez empecinado en lo imposible, dominar a Tavares en el poste bajo, donde el caboverdiano empequeñeció una y otra vez al madrileño, el Barça se aferró a una vieja guardia en la que Laprovittola y Satoransky se quedaron muy cortos como estiletes.

Expuso Fabien Causeur en la previa del torneo, minutos después de conocerse el fichaje de Usman Garuba por los Golden State Warriors, que Campazzo era la pieza que le faltaba al plantel blanco para recuperar una frescura en el juego que le costó alcanzar el curso pasado, por mucho que acabara alzando, con todo el mérito del mundo, aquella Euroliga que solo cinco partidos antes parecía casi imposible para los blancos. Y al base argentino, que juega en Murcia (allí pasó dos temporadas cedido) como en el salón de casa, como Rafa Nadal en la central de Roland Garros, no le ha costado arrancar la maquinaria. El demonio cordobés fue un martirio constante para el Barça, muy especialmente en el tercer cuarto en el que los de Chus Mateo comenzaron a romper el partido y su pase a su sexta final consecutiva de la Supercopa. Encontró el Madrid en ese momento también la mejor versión de Dzanan Musa, desatado en la segunda mitad con 22 puntos (24 en total) para quitarse alguna mochila mental de sus duelos ante los culés. Pero sobre todo, el gran aliado de Campazzo volvió a ser Tavares. Grimau se jugó el doble o nada a que los tiros de Vesely desde el poste alto entraran con la misma eficacia que en la final de la pasada Liga Endesa. Pero no fue el caso (3/10 en tiros de dos para el checo) y el africano manejó a su antojo a Willy Hernangómez en las cercanías del aro, con algún tapón descomunal. Llamó la atención, por cierto, que se quedara sin jugar James Nnaji, el potentísimo nigeriano que comparte el puesto de ‘5’ en el Barça con Vesely y Hernangómez y que, a tenor de lo visto en Murcia, quizá tenga más minutos en próximos duelos ante el Madrid. Esa será otra de las pruebas de fuego de Grimau, el último capitán culé en levantar la Euroliga, allá por 2010.

De momento, el Madrid da primero en los ‘Clásicos’ de la temporada. El más plácido para sus intereses desde que Chus Mateo ejerce de primer entrenador con todos los honores. No se recordaba un triunfo tan claro de los capitalinos sobre los catalanes desde la final liguera de 2022, aquella del infarto de Pablo Laso. Pero claro, Campazzo (17 puntos, 5 asistencias y 3 robos) y Tavares (13 tantos, 11 rebotes, 4 tapones y 3 recuperaciones) le marcan el camino al Madrid. Un equipo mucho más hecho que un Barça en pleno proceso de reinvención, y que con el regreso de ‘El punto y la i’, la pareja más antropomórficamente dispar y dominante del baloncesto europeo, envió este sábado un serio primer aviso a un rival que, en la época Jasikevicius, pareció tener más veces la sartén por el mango.

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