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Pedro de Tena

El principio del fin

Actuar como adelantado diplomático del terrorismo islámico en una visita oficial no será fácilmente olvidable para nadie.

Actuar como adelantado diplomático del terrorismo islámico en una visita oficial no será fácilmente olvidable para nadie.
Europa Press

He de reconocer que cuando escuché el disparo verbal que Pedro Sánchez, en su propio nombre y el de nadie más, dirigió al Estado de Israel en plena guerra y en plena negociación para el intercambio de rehenes, sentí una extraña sensación y me acordé del padre Mundina. Su apreciación pública de que nuestro presidente es un psicópata de libro se me vino a la cabeza. Ni sé de psiquiatría –podría ser un sociópata—, ni sé casi nada –no se puede—, sobre relaciones internacionales y redes diplomáticas. Pero su discurso y la respuesta del presidente israelí, Benjamín Netanyahu, tras haberse reunido antes con la "Autoridad palestina" en Egipto, me han hecho pensar que esta vez nuestro primer mentiroso nacional ha cruzado, no sólo las líneas rojas del ex PSOE al que ha triturado, sino que se ha saltado todos los límites de la prudencia.

No es cuerdo ir invitado a casa ajena en visita coordinada y oficial en momentos de tribulación que comenzaron con el asesinato de 1.400 israelíes a manos de Hamás, seguido enseguida por los causados por el proiraní Hezbolá, y conseguir que los que te aplaudan sean los terroristas agresores. Naturalmente, la crisis diplomática entre España e Israel ha sido inmediata y ya veremos en qué acaba porque, no se olvide , el peso del laborismo israelí en la Internacional Socialista es muy importante. Igualmente, parece no haberse tenido en cuenta que Israel es socio de la OTAN, un socio muy preciado por su situación en Oriente Medio, y un buen cliente de España.

Tampoco parece haber sopesado que el ataque premeditado de Hamás iba a provocar, esa habrá sido una de sus razones de origen, una ola de simpatía y fervor terrorista en todos los países árabes que dudaban entre seguir la moderación de los acuerdos de Abraham o perpetuarse en el más de lo mismo. Marruecos, que reconoció al Estado de Israel gracias a aquellos acuerdos cobrándose el Sáhara de paso, se ve envuelto ahora en un peligroso deslizamiento hacia el radicalismo y al renacimiento de la yihad islámica, dentro y fuera de sus fronteras. Sánchez ha dislocado las relaciones de la Unión Europea con Israel y las propias posiciones europeas sobre el conflicto siendo como es presidente de turno hasta final de año. Ha zarandeado incluso la campaña electoral norteamericana en la que el peso judío es decisivo.

¿Es que Sánchez está tan en manos de sus socios de gobierno, la mayoría amigos de Hamás e Irán, y antisemitas declarados, que no le ha importado poner en crisis toda la trayectoria diplomática española y europea? Sigo sin creerlo. Sánchez no es un rehén, sino el jefe de la banda. Recuerden que aún no ha explicado por qué él mismo cambió la posición española sobre el Sáhara hace unos años dejando a los saharauis boquiabiertos y a Argelia con el cabreo que estamos pagando todos bajo la forma de gas natural.

Entonces, ¿qué ha ocasionado que Pedro Sánchez se haya atrevido a hacer algo que nadie imaginaba haría un día antes de hacerlo? Todo el mundo sensato sabe que atacar a Israel, que tiene un gobierno de unidad nacional, atacarlo en una visita concertada en su propio territorio, atacarlo como presidente del gobierno español, miembro de la OTAN y atacarlo como máxima cabeza visible de la Unión Europea, es pisar demasiados callos a la vez. Para decirlo claramente, actuar como adelantado diplomático del terrorismo islámico en una visita oficial no será fácilmente olvidable para nadie.

¿Cómo olvidar que Georgia Meloni, la primera ministra italiana, defendió a Israel bien poco antes? ¿Cómo no tener en cuenta los apoyos que han dado a Israel, abiertamente y sin duda alguna, Ursula von der Leyen, Rishi Sunak, Olaf Scholz, Emmanuel Macron y, naturalmente, Joe Biden? ¿Cómo no recordar las palabras de su exvicepresidente Pablo Iglesias cuando se refirió a la "geopolítica" como algo amoral para justificar su financiación iraní, país interesado en facilitar el camino de la izquierda en Occidente para dañarlo como civilización?

Lo que ha hecho Pedro Sánchez lo habrá hecho por causas que él conoce o ni eso. Puede ser por sacarse el título de "más chulo del socialcomunismo" en el mundo mundial o porque alguien le ha dado una orden irresistible que se ha visto forzado a obedecer. Lo cierto es que lo que ha hecho, en nombre de España y Europa por la cara, excede todos los límites de la discreción y la mesura, aportando credibilidad y rigor a quienes como la oposición española y toda la judicatura nacional subrayan que estamos ante un personaje con inclinaciones dictatoriales cada vez más descontroladas.

¿Cuánto más podrán soportar la Comisión Europea y todos los demás damnificados por este atropello, el crecimiento político de un tipo de esta calaña? Quizá estamos asistiendo al principio de su fin.

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