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Antonio Robles

¡Ay de ti, Pedro!

No conoces el resentimiento y la deslealtad de estos pequeños sacos de maldad que sueñan con Una Cataluña Grande y Libre.

No conoces el resentimiento y la deslealtad de estos pequeños sacos de maldad que sueñan con Una Cataluña Grande y Libre.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el pleno del Congreso de los Diputados en Madrid que debatió la ley de amnistía. | EFE

¡Ay de ti, Pedro! No sabes dónde te has metido, crees que puedes controlar todo a base de comprar voluntades, pero aún no te has percatado de que el único rehén a la vista de todos es tu propia ambición de poder.

Empieza a cundir el pánico en el Gobierno tras el revés parlamentario de la amnistía y sus daños colaterales. Aún no saben con quienes se han embarcado. Pero empiezan a intuirlo. No es un revés, ni un pulso último de Junts para lograr blindar la amnistía de los delitos de terrorismo y Alta Traición. El fin último del universo Puigdemont, ahora que tienen a Sánchez a su merced, no es solo conseguir la amnistía como medio para lograr impunidad, sino quemar etapas legitimadoras para lograr imponer que España es un Estado opresor, con un Poder Judicial veteado de franquismo y unas fuerzas de seguridad impropias de un Estado de derecho. De eso viven y han vivido siempre. Ya han logrado legitimar en Cataluña el relato de una nación oprimida, culturalmente perseguida y económicamente expoliada. Y con las cesiones de Sánchez, han pasado de golpistas y malversadores, a víctimas. Ahora lo debe aceptar España, no tanto para convencerla de sus delirios, como de persuadir a los suyos de que la tierra prometida está a la vuelta de la esquina. Lo que le interesa es el agitprop, la agitación y propaganda para crear una presión social tan explosiva y generalizada en Cataluña, que haga caer la independencia como fruta madura. Ahí reside su poder para lograr objetivos inmediatos, o sea, el gobierno de la Generalidad en manos hoy de ERC, y su objetivo final, la ruptura con España. Ni una votación logrará sacar adelante la coalición de Gobierno si no cede en todas y cada una de las exigencias que le planteará al día siguiente de obtener la amnistía.

¡Ay de ti, Pedro!, ni tu descaro te salvará de una secta enamorada de su delirio. Puigdemont ya no es rehén de sus fechorías, sino tú, Pedro, de tu ambición de poder. Y te hará "mear sangre" si quieres conservarlo. En ese íntimo placer del sádico para recrearse en su fortuna, tu suerte está echada. Tras la amnistía, si finalmente logras trampearla, vendrá el calvario de verdad. Un minuto después de su aprobación te recordará con hechos, que el compromiso adquirido contigo terminaba en la investidura. Si quieres gobernar a partir de ese momento, habrás de aprobar unos presupuestos, ponerlos a su servicio y comprometerte a garantizar un referéndum de autodeterminación legal y sin demora.

No te servirá de nada prometerle nuevas cesiones. Las que desee se las tomará por sí mismo. Y si te opones a cualquiera de sus exigencias, te hará caer. Porque si estando en el "exilio", amenazado por la extradición y la cárcel te dejó compuesto y sin amnistía, imagínate qué hará cuando sea impune y comience su larga marcha hacia el poder de la Generalidad tras su regreso de Waterloo. No te olvides, que para Puigdemont su primera batalla es recuperar la Generalidad, y hará lo que sea para escenificar su radicalidad en el Congreso de los diputados, frente al colaboracionismo de ERC con el gobierno de España. Líbrate de meterte entre esos dos caimanes, primero la presa, después el territorio. Paradójicamente, en ambos, para asegurar el territorio, han de hacerse primero con la presa. En eso no se diferencian en nada de Pedro Sánchez.

¡Ay Pedro, Pedro! No conoces el resentimiento y la deslealtad de estos pequeños sacos de maldad que sueñan con Una Cataluña Grande y Libre. Al menos libre de españoles. En lo único que están de acuerdo ERC y Junts. Para nada te habrá servido dejar hechas unos zorros las instituciones democráticas y encabronado y enfrentado al país entero. Tu disculpa para parvularios de buscar la convivencia en Cataluña, sólo habrá traído discordia a toda España. He ahí tu legado. Ahora lo habrás de gestionar. Y sus hechuras no pintan nada bien.

Medía España te odia, y avergüenzas a la otra media. Cada día con una nueva mentira y una traición más. Siempre servidas con palabras envilecidas y comportamientos tóxicos. El último la fachosfera como fosa séptica para ir arrojando a todos los que le cuestionen o directamente deteste.

Esas sancheces son tan pestilentes, que ya casi nadie puede ampararse en un Estado de derecho falseado desde la Presidencia del Congreso al Fiscal General del Estado; desde los diputados del PSOE sumisos como peleles, al gobierno de la nación. Ni siquiera nos podemos fiar de la mayoría de medios; los unos por sicarios y los otros por buscones. El lenguaje político ha mutado en un laberinto sin salida y sus valores en casquería podrida. Y todo, absolutamente todo, es fruto de este falsario que ya no engaña ni a los mismos sicarios ideológicos que le arropan en su propio partido. ¿De qué sirve una amnistía manchada de mugre?, se pregunta Ignacio Varela comparando la ejemplar actitud de Felipe González en la derrota de las elecciones de 1996 con la derrota de Pedro Sánchez el 23-J pasado.

Media España le odia, y la otra media, avergonzada, se envilece para asegurarse un lugar en el abrevadero. Estamos a un pestañeo de que el odio reprimido irrumpa instintivo con un lenguaje políticamente incorrecto. Aunque una flor no hace primavera, ya lo inició Santiago Abascal de forma explícita con el linchamiento de Mussolini: "Habrá un momento en que el pueblo querrá colgar de los pies a Pedro Sánchez". Y cuando eso ocurra, ya no será suficiente el muro de la fachosfera para detener a la turba indignada. Aún tiene tiempo de salvar el honor, que no la hacienda.

CODA: Un buen gobernante aspira a que los partidarios le admiren y los adversarios le respeten, pero Pedro Sánchez parece empecinado en que los partidarios le idolatren y los adversarios le odien. Acabará colgado de los pies.

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