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Luis Herrero Goldáraz

Transformar España, o gobernarla

Unos grupos, minoritarios, tienen cristalino cómo quieren transformar España. Otros, mayoritarios, se conforman con "gobernarla".

Unos grupos, minoritarios, tienen cristalino cómo quieren transformar España. Otros, mayoritarios, se conforman con "gobernarla".
Carles Puigdemont mira a Pedro Sánchez mientras interviene en el Parlamento europeo de Estrasburgo. | EFE

Escribía ayer Rafa Latorre en El Mundo que "lo que es estricta novedad en la joven democracia española es que alguien transforme un país para poder gobernarlo". Lo decía por esta curiosa manera de proceder de Pedro Sánchez, que no preside un gobierno en base a un proyecto de país, sino que va proyectando un país caprichosamente en base a que le dejen seguir presidiéndolo. En todo caso, es una cuestión interesante, la del huevo o la gallina —¿se gobierna para transformar un país o se transforma un país para gobernarlo?—, que ha mantenido a no pocas mentes brillantes ocupadas a lo largo del tiempo mientras a sus espaldas iban los políticos haciendo no se sabe muy bien qué, pero siempre gobernando. Ayer, al rato, apareció Pilar Alegría, ministra de Educación, y rechazó la iniciativa del PP de diseñar una EBAU común para todas las comunidades autónomas utilizando una frase que, sobre todo estos días, se entiende mejor desde el recochineo: "La Constitución no lo permite". Si algo funciona, suele decirse, para qué cambiarlo.

El asunto EBAU es interesante porque, a la hora de auscultar qué está dispuesto a hacer un gobierno con tal de seguir gobernando, lo mismo nos vale observar lo que pretende transformar que lo que se esfuerza en dejar intacto. Analizando ambas cuestiones con un mínimo detenimiento, además, no es difícil encontrar motivaciones comunes. Los diversos cambios en el Código Penal, por ejemplo; la todavía atascada aprobación de la posiblemente inconstitucional ley de Amnistía; la tentativa de reforma de la ley de Enjuiciamiento Criminal; toda esta desordenada transformación legislativa, en fin, necesaria en última instancia "para que no gobierne la derecha", es decir, para que gobierne la izquierda; sirve exclusivamente a una clase política muy concreta que persigue aumentar privilegios y blindar desigualdades territoriales en España. Permitir, por otro lado, que los estudiantes del país continúen encontrando más o menos dificultades para acceder a la universidad en función de su lugar de nacimiento apunta, en general, al mismo sitio.

Lo mismo pasa si nos detenemos a leer noticias estos días acerca de las nefastas consecuencias de la sequía, que podrían haberse evitado, se comenta, si no se hubiese suspendido hace décadas, por razones ideológicas, un Plan Hidrológico Nacional que, entre otras cosas, habría contribuido a la vertebración territorial de España. Se mire al lugar al que se mire últimamente, lo que resuena de fondo es ese devenir político que ha marcado la transformación del país durante décadas, sin importar cuál de nuestros dos partidos principales ostentase el poder en cada momento. Y lo que la ha marcado es la determinación incansable de los nacionalistas e independentistas. Por eso, principalmente, Pilar Alegría tiene razón cuando responde a los diputados del PP que eso de una EBAU común está muy bien, pero que estaría mejor que la hubiesen confeccionado cuando tuvieron posibilidades de hacerlo. Lo que ocurre, al fin y al cabo, es lo de siempre. En el seno de nuestro Poder Legislativo hay unos grupos, minoritarios, que tienen cristalino cómo quieren transformar España. Otros, mayoritarios, se conforman con "gobernarla". Adivinen quién transforma y quién gobierna.

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