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Alonso Holguín

Profesión de riesgo

Así es España: donde la realidad supera a la ficción y donde los verdaderos héroes son olvidados mientras los artistas brillan en el escenario.

Así es España: donde la realidad supera a la ficción y donde los verdaderos héroes son olvidados mientras los artistas brillan en el escenario.
Uno de los guardias civiles que portan el ataúd de su compañero David Pérez Carracedo, asesinado cuando una narcolancha embistió a la embarcación en la que patrullaban. | EFE

¡Vaya semana hemos tenido en España! Una serie de eventos han dejado claro que la decadencia está en pleno apogeo. Y es que, para empezar, dos guardias civiles, esos héroes cotidianos, fueron vilmente asesinados en el puerto de Barbate, Cádiz. ¿La respuesta de la Unión Europea? Pues nada menos que el PSOE y su banda de compinches votando en contra de reconocer el obvio: que el trabajo de los agentes de policía y guardia civil es más peligroso que bailar en una discoteca con tacones de aguja.

Y mientras tanto, en la alfombra "rosácea" de los premios Goya, el circo político hacía su entrada triunfal. Pedro Sánchez, Yolanda Díaz y demás secuaces, perdón, ministros, protegidos por un batallón de 1500 policías y guardias civiles para garantizar su seguridad. Claro, porque en esta España nuestra es más probable que un actor tropiece con su traje de diseñador que un político se tope con una verdad incómoda.

Por supuesto, la alfombra estaba llena de "profesionales" que arriesgan sus vidas a diario. Actores y actrices, cantantes y bailarines, artistas de todo pelaje, desafiando la muerte con sus vestidos de alta costura y sus joyas caras. Y entre flashes y selfies, la plebe esperaba pacientemente tras vallas, mientras las periodistas, armadas con micrófonos y escasez de dignidad, competían por el mejor ángulo para adular al presidente. Porque ya saben, en este circo, el mérito se mide por la habilidad para lamer botas.

¡Ah, qué tiempos aquellos en los que la dignidad se ganaba con el esfuerzo y la excelencia! Pero parece que ahora, en esta España nuestra, es más rentable la sumisión que el talento. Y así nos va.

En el teatro de lo absurdo que ha sido esta semana en la siempre vibrante España, hemos sido testigos de un espectáculo de contrastes digno de un guion de tragicomedia. ¿Qué mejor manera de comenzar que con una dosis de ironía macabra? Dos guardias civiles, dos valientes, dos simples mortales, encontraron su trágico destino en las oscuras aguas del puerto de Barbate, Cádiz, mientras la política española daba un sutil pero contundente golpe de teatro.

Mientras los políticos de la Unión Europea jugaban a las sillas musicales con la seguridad de los agentes del orden, el presidente Pedro Sánchez y su troupe se pavoneaban por la alfombra rosada de los premios Goya, como si fueran divos y divas del séptimo arte. Por supuesto, con un despliegue de seguridad que habría hecho palidecer al mismísimo César en el Coliseo.

La alfombra rosada, o más bien rosácea, desplegada para recibir a la crema y nata de la farándula patria, contrastaba maravillosamente con la sangre derramada de los héroes caídos en el cumplimiento de su deber. Mientras los actores y actrices desfilaban con sus atuendos que desafiaban la lógica y la gravedad, los verdaderos riesgos se desataban en las aguas turbias del sur.

Y hablando de riesgos, ¿qué tal expulsar narcolanchas en el puerto de Barbate? Sí, mientras los reflectores iluminaban la vanidad del celuloide, las sombras se movían en un macabro ballet de delincuencia y violencia. Dos agentes sacrificados en el altar de la lucha contra el crimen, mientras la élite cultural se codeaba entre copas y canapés.

Pero no todo es sombrío en esta tragicomedia hispana. Un agente, al borde de perder un brazo, fue salvado por la rápida acción de un compañero, demostrando que, a pesar de la falta de reconocimiento oficial, la verdadera valentía y heroísmo residen en aquellos que arriesgan sus vidas por el bien común, incluso cuando el telón cae y las luces se apagan.

La gala de los Premios Goya del 2024 se convirtió en un espectáculo que podría rivalizar con cualquier tragicomedia de Hollywood. Mientras los actores y actrices desfilaban por la alfombra rosada, como si estuvieran pavoneándose en un desfile de moda, la tragedia se desataba en las aguas oscuras del puerto de Barbate, donde dos valientes guardias civiles perdieron la vida en un enfrentamiento con el crimen organizado.

Pero, ¿quién tiene tiempo para recordar a los héroes caídos cuando hay selfies que tomar y alfombras que pisar? Los asistentes a la gala estaban demasiado ocupados preocupándose por su propia imagen y por mantener el equilibrio en un escenario resbaladizo, como para perder un minuto en honrar la memoria de aquellos que sacrificaron sus vidas por la seguridad de todos.

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, aparentemente estaba más preocupado por las amenazas y riesgos imaginarios de la noche que por la cruda realidad que ocurría fuera de los focos. Quizás estaba tan ocupado contando sus pasos que ni siquiera se enteró del trágico suceso en el puerto.

Una semana después, mientras todavía estábamos de luto por la pérdida de nuestros compañeros, el PSOE y sus secuaces en la Unión Europea votaron en contra de reconocer el riesgo inherente al trabajo de los agentes de policía y guardia civil. Una bofetada más en la cara de aquellos que arriesgan sus vidas por protegernos a todos.

Así es España en febrero del 2024, donde la realidad supera a la ficción y donde los verdaderos héroes son olvidados mientras los artistas brillan en el escenario. Pero a pesar de todo, seguimos firmes en nuestro servicio, protegiendo a la población del peligro, cada uno desde su trinchera, mientras la ironía y la hipocresía campan a sus anchas en la política y en la farándula.

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