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Pablo Planas

El Covid persistente y un pretoriano de Sánchez

El rasgo que más destaca de la biografía del exsubordinado de Ábalos y protegido de Cerdán es haber sido el guardián de los avales que permitieron a Sánchez recuperar el mando del PSOE.

El rasgo que más destaca de la biografía del exsubordinado de Ábalos y protegido de Cerdán es haber sido el guardián de los avales que permitieron a Sánchez recuperar el mando del PSOE.
Europa Press

Miles de personas sufren en España las secuelas del Covid. En las grandes ciudades hay unidades especializadas en los centros públicos para tratar esa dolencia. La enfermedad presenta múltiples facetas físicas y psíquicas. Fatiga permanente, dolores musculares, en las articulaciones, violentas cefaleas, somnolencia, pérdida de memoria, de agilidad mental, deterioro cognitivo, depresión... Afecta a personas que sufrieron toda clase de versiones del Covid, desde la más atroz a las variantes tipo gripe. A gente de cualquier edad y condición física, vacunados y no vacunados.

El primer efecto de la irrupción de la pandemia en España fue la estupefacción de las autoridades competentes, esas autoridades que en los días previos al confinamiento animaban a participar en manifestaciones multitudinarias mientras sus extensiones mediáticas cuestionaban el uso de mascarillas quirúrgicas. El Gobierno pasó en menos de 24 horas de asegurar que no ocurría nada a decretar las medidas propias de una catástrofe nuclear.

En medio de un caos apocalíptico, el Ejecutivo de Sánchez desplegó una formidable campaña de manipulación cuyo principal propósito era el de convertir al presidente del Gobierno en una especie de Churchill, operación que incluía ocultar la cifra real de fallecidos, las circunstancias de los óbitos, la falta de medios materiales y humanos, la incapacidad administrativa, las estafas sufridas por los operadores públicos en la compra de los "equipos de protección individual", las comisiones, los pelotazos y los atracos.

Este miércoles la Guardia Civil ha detenido a un curioso personaje, Koldo García, hombre de confianza de José Luis Ábalos, chófer, guardaespaldas, mano derecha y amigo del alma del exministro de Transportes, compañero de nocturnas y pasadas aventuras. Se le investiga por haber trincado comisiones en la compra de mascarillas. Ábalos declaraba en los pasillos del Congreso que su viejo compañero "tenía una vida muy normalita". "Me cuesta creerlo. Muy decepcionado estoy. Espero que no les pase a ustedes", les decía a los plumillas que le abordaban. Así, sin más, con un desahogo extraordinario, en plan Rubiales sopesándose las pelotas.

Pero el rasgo que más destaca de la biografía del exsubordinado de Ábalos, protegido de Cerdán y exconcejal socialista navarro no es que hiciera cumbre como consejero de Renfe cuando su jefe era ministro sino que fuera el guardián de los avales que permitieron a Sánchez recuperar el mando del PSOE. Ojo. Poca broma. Koldo, el último hombre de la guardia pretoriana del presidente que habló en su discurso de investidura sobre un "probable caso de corrupción por parte de la presidenta de la Comunidad autónoma de Madrid, la señora Ayuso". Claro que si Ábalos dice ahora que casi no se acuerda del colega con el que se corría unas francachelas estupendas en viajes de trabajo es muy difícil que Sánchez tenga presente a Koldo, alias "Aizkolari", el protector de sus avales, recomendado de Santos Cerdán, el del pacto con Puigdemont. Los pañuelos están llenos de mocos, sí.

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