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EDITORIAL

Ábalos sigue el manual de resistencia de Sánchez

Si el PSOE mimaba a Ábalos hasta hace una semana, no pasarán muchas más hasta que el partido vuelva a hacerlo. Y eso, por varias razones.

Aunque algunos daban por descontada su dimisión como diputado, José Luis Ábalos ha hecho lo que haría cualquier miembro del gobierno y del PSOE empezando por Pedro Sánchez: negar cualquier responsabilidad, aferrarse al escaño y aguantar lo que sea. Y es que si Pedro Sánchez ha demostrado no tener limites políticos ni éticos para poner en práctica un nihilista "manual de resistencia", el que fuera ministro suyo de Fomento y secretario de Organización del PSOE no iba a ser menos.

Si el PSOE mimaba a Ábalos hasta hace una semana, no pasarán muchas más hasta que el partido vuelva a hacerlo. Y eso, por varias razones. Al conservar el escaño y pasar al grupo mixto, Ábalos va a seguir conservando su condición de aforado. El exsecretario de organización no está imputado, de momento, pero si el juez decide encausarle tendría que enviar un suplicatorio al Supremo y derivar su caso al alto Tribunal en vez de juzgarlo en la Audiencia Nacional, donde se ha instruido el caso. Mientras tanto, compartirá esa condición de aforado con otros miembros del gobierno, como Marlaska, Illa y Torres, y la propia presidenta del Congreso, Francina Armengol, salpicados todos ellos también por el escándalo. A este respecto, especialmente insostenible es la situación de la presidenta Armengol después de que este lunes se hiciera público que la expresidenta balear dio casi 4 millones de euros a Koldo García para la supuesta adquisición de mascarillas, sin que ni siquiera mediara un contrato escrito, sólo de palabra. Lo más bochornoso es que el Gobierno de Armengol estuvo tres años sin reclamar el dinero del contrato: 3,7 millones de euros, pese a saber que las mascarillas eran defectuosas y estaban acumulando polvo en un almacén y que la Guardia Civil ya investigaba.

Así las cosas, si el gobierno de Sánchez tiene razones para temer que Ábalos tire de la manta, no menos preocupación debe causarle el hecho de que su paso al Grupo Mixto libera a Ábalos de la disciplina de voto en unos momentos en que el gobierno de la nación tiene la mayoría más frágil y precaria de la historia de la democracia. En este sentido, podría darse el caso en que el gobierno podría depender de un solo voto para sacar adelante algún proyecto legislativo, tal y como sucedió con la aprobación del decreto ómnibus tras decidir Junts no participar en la votación. Si Sánchez, después de querer sentarlo en el banquillo, no ha dudado en mostrarse genuflexo ante Puigdemont, más reconciliador se mostrará aun con Ábalos en el caso de necesitar su voto.

En cualquier caso, lo que parece evidente es que este escándalo no ha hecho más que empezar y que en modo alguno va a terminar con la marcha de Ábalos al Grupo mixto. La ruptura entre el PSOE y Ábalos no es más que un paripé que no tiene por objetivo más que encubrir la compartida decisión de aferrarse al poder pase lo que pase y sea como sea.

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