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Ángel Mas

Sánchez y Albares sabotean la defensa de Israel

El Gobierno nos avergüenza al alinearse con los designios de una organización terrorista. Lo viene haciendo desde perpetró el pogromo del 7 de octubre.

El Gobierno nos avergüenza al alinearse con los designios de una organización terrorista. Lo viene haciendo desde perpetró el pogromo del 7 de octubre.
Pedro Sánchez compareciendo en el Parlamento europeo. | EFE

El Ministerio de Asuntos Exteriores de España se ha pavoneado anunciando que "denegará la autorizaciónn de tránsito para realizar escala en territorio español a cualquier buque con cargamento de armas con destino a Israel". Esta es elección de Pedro Sánchez y José Manuel Albares ante la guerra entre Israel y Hamás: sabotear el derecho a la defensa a una nación democrática y tradicionalmente amiga. Y que no lo ejerce en una guerra convencional, sino en una situación de riesgo existencial. El Gobierno de España nos avergüenza de nuevo al alinearse con los designios de una organización terrorista. Lo viene haciendo desde el mismo instante en que dicha organización perpetró el pogromo del 7 de octubre pasado, la mayor matanza de judíos en un solo día desde el Holocausto.

Mientras España compra cantidades récord de gas ruso, vende armas a cualquier satrapía, desde Arabia Saudita a Pakistán, pasando por Kuwait, y vota a favor de que Irán siga desarrollando su capacidad nuclear, la hostilidad del Gobierno español contra Israel es nítida, voluntaria, deliberada y manifiesta. Nuestros gobernantes se esfuerzan, además, para que dicha hostilidad resulte bien visible ante la comunidad internacional. Lo hizo con la vergonzosa intervención de Pedro Sánchez en presencia del primer ministro israelí, al que trató de aleccionar en mitad de un trauma colectivo y después de haber visto insoportables imágenes de una cacería humana. Lo hizo al tratar de maniatar a Israel cuando la vida de todos sus ciudadanos estaba en peligro, lanzando su mensaje desde el mismísimo paso de Rafah.

"La violencia solo conducirá a más violencia", afirmó entonces. Son palabras que, pronunciadas en el contexto de una invasión homicida, significan: no se defiendan, déjense exterminar. Lo hizo al encabezar personalmente una iniciativa –por ahora sólo seguida por un par de países irrelevantes– dirigida a desencadenar una oleada de reconocimientos unilaterales de un estado palestino. Obviando la falta de fronteras definidas, de acuerdo entre las partes, de gobierno efectivo y de interlocutores democráticos. Propone premiar, en la UE y en la ONU, a los terroristas que violaron y rompieron los huesos de las mujeres antes de asesinarlas, que degollaron y abatieron a tiros indiscriminadamente a cuantos seres humanos encontraban, que quemaron bebés y arrancaron un feto del vientre de su madre, regodeándose y filmándolo todo. Ese terror en estado puro es el que Sánchez quiere recompensar enviando a los terroristas el mensaje de que con esos medios obtendrán sus fines. El mensaje de que las víctimas serán castigadas. No es extraño que recibiera la felicitación de Hamás, abochornando a nuestro país.

El Presidente del Gobierno español y su Ministro de Exteriores trabajan para que Israel carezca de medios con los que neutralizar a los terroristas, para que no pueda defenderse de una brutalidad cuyo fin es el borrado de Israel del mapa, y con él el de sus habitantes. Mientras tanto, otros ministros y altos dirigentes de los partidos que forman la coalición gubernamental emiten declaraciones y organizan actos –incluso en sede parlamentaria– donde se asumen los lemas de Hamás y se acusa de genocidio a un pueblo que ejerce su legitima defensa, que lucha por su supervivencia y que sufrió el mayor genocidio de la historia. Son lemas y mensajes de claro cariz antisemita. No es una opinión: es el tenor de la definición de antisemitismo aprobada por la Alianza Internacional de Recuerdo del Holocausto, y que España firmó.

Los motivos por los que el gobierno social-comunista de España ha optado por convertirnos públicamente en enemigos del agredido sólo se comprenden en el contexto del sesgo de su Presidente contra el Estado Judío, ofreciéndose como peón de Iran y de Qatar en Europa y, por supuesto, por la proximidad con los grupos terroristas y sus patronos compartidos de sus socios de gobierno de Sumar y Podemos. Esta obsesión compulsiva y enfermiza de Sánchez no sólo daña a Israel. También perjudican a España y la convierte en un paria internacional que no tendrá voz cuando llegue el momento de construir el futuro de la región.

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