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Pablo Molina

Feijóo se la juega

El interés radica en ver si recupera la confianza de los votantes de Vox o el miedo de estos a que Sánchez envejezca en el Palacio de La Moncloa les hace volver a la casa común del centrismo vergonzante pepero.

El interés radica en ver si recupera la confianza de los votantes de Vox o el miedo de estos a que Sánchez envejezca en el Palacio de La Moncloa les hace volver a la casa común del centrismo vergonzante pepero.
Alberto Núñez Feijóo en un mitin en Barcelona en la campaña de las europeas. | PP

Las elecciones de este domingo se celebrarán en clave nacional, como corresponde a un proceso destinado a renovar una cámara tan inútil como el Parlamento Europeo. En otras ocasiones la gente se iba a la playa o al campo y solo votaban los muy cafeteros o los ociosos, que aprovechan esos días para pasarlo muy bien participando en "la fiesta de la democracia". Esta vez me temo que va a votar todo Dios, porque un batacazo socialista podría acelerar los tiempos de la legislatura y poner fecha a la salida de Sánchez de La Moncloa, el único objetivo de fuste que se va a dilucidar este 9 de junio.

Al marido de Begoña le da exactamente igual, porque está dispuesto a tirar adelante sea como sea, a poco que los apoyos parlamentarios le den para seguir al frente del Gobierno. Un trompazo electoral más o menos (el tipo ya lleva varios seguidos en los últimos dos años) no va a quebrar su voluntad férrea de agotar la legislatura, como paso previo para acudir nuevamente a las elecciones y tratar de formar otro Gobierno de desechos de tienta. Caso muy distinto es el de su principal rival, Alberto Núñez Feijóo, que estas elecciones europeas se juega su liderazgo al frente del centro-derecha español y su imagen como referencia única para sustituir a Sánchez en La Moncloa.

A los populares les ha salido un problema gordo con Vox, claro, que se ha hecho con una bolsa nada desdeñable de votantes cautivos del PP y que, después de verse traicionados una y otra vez, han decidido entregar su confianza al partido de Abascal. Sánchez no tiene ese problema porque ha ido ocupando las parcelas ideológicas de la ultraizquierda hasta hacer al PSOE indistinguible de cualquier partido antisistema. El PP se ha movido también hacia la izquierda para ocupar esa porción de centro, lo que ha dejado a Vox en una posición muy cómoda, en la que tan solo los errores de sus cuadros (y ya van unos cuantos) pueden descabalgarlo como referente del mundo conservador.

Vox surgió porque así lo quiso el PP. Los populares sangran por esa herida, pero han de asumir que un par de millones de antiguos votantes se han cansado de aceptar el mal menor (votar al PP con la nariz tapada, conscientes de que no cambiarán ninguna política progre) y ahora prefieren a Vox aunque eso beneficie al sanchismo.

Todo eso puede cambiar este 9 de junio porque, en política, nada puede darse por supuesto. El interés radica, precisamente, en ver si Feijóo recupera la confianza de los votantes de Vox o el miedo de estos a que Sánchez envejezca con Begoña en el Palacio de La Moncloa les hace volver a la casa común del centrismo vergonzante pepero. El domingo por la noche tendremos más datos para opinar al respecto.

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