
Mucilaginosa sesión de control al Gobierno la de este miércoles, con Sánchez dando una clase maestra de propaganda, Feijóo intentando contrarrestar el "paquete de calidad democrática" contra jueces y medios aireando su propio plan de regeneración –y sin profundizar, así, en las fístulas que más afligen al cíborg: las investigaciones que afectan a su esposa, la "presidenta" Begoña Gómez, y a su hermano, David Azagra– y el marisabidillo Bolaños, quien tiene la petulante costumbre de recomendar lecturas al pepero Tellado, recibiendo una correctiva lección de español de Cayetana Álvarez de Toledo.
Alguna luminaria genovesa le habrá sugerido al líder de la oposición que comience su intervención parlamentaria atizando al Diosdado de Valladolid, un dóberman que sólo vale para servir, proteger y morder, y Feijóo desperdició algunos segundos criticando a Óscar Puente por insultar a Milei y al jefe de prensa de Alvise Pérez. Sánchez, felizmente confundido, reveló que su pregunta originaria era "sobre los planes de regeneración y calidad democrática", recurrió al cansino estribillo del CGPJ bloqueado y, regodeándose, trató al presidente del PP como si fuera el alfeñique de sus dos archivillanos favoritos: "Cada vez que hay una opción de que podamos entendernos, aparecen sus jefes, el señor Aznar y la señora Ayuso, y le dicen: ‘Ni se le ocurra’. ¿Va a cumplir con la Constitución o con sus jefes?".
Remontó Feijóo en su réplica hurgando en la herida infectada: "Su principal problema no es con el CGPJ. Su principal problema es con la justicia". Tras pedir la cabeza –y dale– del ministro de Transportes, volvió a hacer pupa donde más duele: "Si hay indicios de que un político o un familiar del presidente ha cometido delitos de corrupción o de tráfico de influencias, lo que tiene que hacer es sentarse delante del banquillo de los jueces". Cargó contra García Ortiz, "un fiscal general del Estado al borde de la imputación", denunció que se obligue "a los fiscales del Tribunal Supremo actuar en contra de su conciencia" y los ataques a la libertad de prensa, y concluyó afirmando que no habrá "regeneración democrática posible mientras usted sea presidente del Gobierno". Sus devotos le brindaron un aplauso suflé pelín exagerado. Respuesta de Sánchez, impasible y chulesco: "Se le ha hecho muy larga la contestación. Se aburrirá de escucharse a sí mismo".
La puigdemontonera Nogueras le bajó los humos exigiéndole una financiación privilegiada para Cataluña: "¿Se ha pensado que los dineros son suyos y que puede hacer lo que quiere? (…) No son de fiar, no se confundan: nosotros estamos aquí por Cataluña y los catalanes". El macho alfa del Ejecutivo comenzó, entonces, una lección magistral de propaganda –que prolongó respondiendo a María Mercedes Aizpurúa, la portavoz condenada de EH Bildu– sobre el reforzamiento del Estado de bienestar, la creación de empleo, las cuentas cuadradas, "la convivencia y avance de derechos sociales", etcétera, y reivindicó "todo lo que hemos hecho estos meses de legislatura". Tiene asumido Sánchez, narciso infinito, que la propaganda, como apuntó el filósofo Eric Hoffer, "no engaña a la gente, sino que simplemente les ayuda a engañarse a sí mismos". Materializando esta idea, embauca y pastorea a sus lacayos mediáticos, a su entusiasta feligresía y a algunos de sus socios, si bien la exeditora de Egin, quizá harta de que la tomara por imbécil, le recordó que "la actividad legislativa ha sido escasa, muy escasa".
El popular José Vicente Marí, a la viseprecidenta cheerleader, María Jesús Montero: "El déspota arrambla con los jueces, con la libertad de prensa, con la economía de mercado; un demócrata, en esta situación de Gobierno inviable, lo que hace es convocar elecciones". El cospedaliano Agustín Conde le recordó al ministro tridentino que Begoña Gómez "fue imputada por un tribunal" y señaló el "extraordinario parecido entre Pedro Sánchez y Donald Trump". Tellado puso a Tezanos en su mirilla: "Ha utilizado recursos públicos en beneficio partidista. (…) ¿Es un error? No, es malversación de fondos públicos". Bolaños defendió al vasallo fiel y sacó el comodín de Alvise: "El señor Tezanos no pronosticó que seguirían a ras de suelo compartiendo terreno con una ardilla".
Álvarez de Toledo le preguntó al ministro de Justicia, de Presidencia y de Relaciones con las Cortes si el Gobierno mantendrá "el bulo de que la amnistía favorece la convivencia" y si él mismo llamará "ultras a los magistrados del TC". Bolaños, erudito de paja: "Su pregunta adolece (sic) de datos, memoria y base fáctica" –lo de "base fáctica" seguro que es errejonés–. A la portavoz adjunta del Grupo Popular se la dejó botando: "No sabe lo que quiere decir la palabra "adolecer", que es sinónimo de "carecer". (…) El Gobierno ya sólo depende del delito para sobrevivir". También homenajeó a Felipe VI, "al que la amnistía condena", y se dirigió a los nenes revoltositos de Abascal, hoy ausente: "No, señorías de Vox, el Rey no puede negarse a firmar una ley". Bolaños, humillado, la tildó de "soberbia". Coco Robatto, protagonista de un culebrón con infidelidades, tangas rosas y aroma a Dior Poison, ocupó el escaño de su jefe.
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