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España en el espejo venezolano

Gobernar sin apoyos, contra la separación de poderes y buscando la perpetuidad del desastre es algo que une a Maduro y a Sánchez, es su afán diario.

Gobernar sin apoyos, contra la separación de poderes y buscando la perpetuidad del desastre es algo que une a Maduro y a Sánchez, es su afán diario.
Manifestantes durante una protesta en apoyo a la oposición venezolana en Madrid. | Europa Press

No se puede permitir que Nicolás Maduro se proclame presidente de Venezuela. No se puede ceder a todo para que la libertad muera manoseada y violada por Putin, por Xi Jinping, por Hamás, por los ayatolás o por narcodictaduras americanas. Y España, el Gobierno de España, lo está favoreciendo de forma criminal.

En las elecciones de Venezuela hay fraude y el chavismo alardea de ello porque la victoria les sabe mejor si es golpista, violenta y humillante. Maduro echa a los embajadores díscolos que han exigido trasparencia, incluidos algunos de tendencia comunista, pero agradece a España su papel al reconocer los resultados del fraude. Bien mirado, qué otra cosa iba a hacer un gobierno como el nuestro, nacido, crecido y alimentado en un golpe de Estado, más que verse en el espejo que le devuelve la escalofriante imagen de una dictadura. Gobernar sin apoyos, contra la separación de poderes y buscando la perpetuidad del desastre es algo que une a Maduro y a Sánchez, es su afán diario.

Por eso aquí ERC recaudará el cien por cien de los impuestos de Cataluña. Porque a cambio de esa "singularidad" ilegal parece que accederán a hacer presidente regional a Salvador Illa, el inútil ilustrado de la pandemia al que todavía persiguen las mascarillas. Y porque si no, Sánchez no aprobará una sola ley más. Por eso, el mayor caso de corrupción de la historia de España, el de los ERE de Andalucía, ha sido convertido en virtud ejemplar por orden del Tribunal Constitucional. Por eso se filtran a la prensa del Movimiento datos privados de personas cercanas a rivales políticos. Por eso el golpismo español tiene poder sobre ciudadanos (todavía) libres. Por la única razón de que Pedro Sánchez no se quiere ir del poder que nunca le han dado las urnas. Como Nicolás Maduro.

Además de denunciar el fraude es igualmente importante y necesario recordar cada día que el caso de corrupción que afecta directamente a la esposa del presidente español pasa por Venezuela, por el régimen de Maduro. Y no pasa rozando sino haciendo parada y posta. El silencio cómplice del Gobierno arroja pues una doble culpa: la de sostener a un régimen liberticida criminal y la de hacerlo por mantener oculta la trama de corrupción que desde hace muchos años engorda el PSOE con el chavismo. Hay abundantísima documentación sobre ello, toneladas de indicios muy razonables y muchas pruebas inequívocas. Sólo falta voluntad.

La obligación de Europa

Europa tiene ante sí la oportunidad de ganar el peso perdido tras décadas de burocratismo mórbido, sedentario y estéril. Es el momento de exigir o sancionar. Es el momento de ser Europa: han impedido la libre circulación de ciudadanos y la presencia acreditada de europarlamentarios, entre ellos un vicepresidente del Parlamento como Esteban González Pons, para supervisar el proceso que ha terminado en fraude.

Europa no puede permitir que un estado miembro como España sea vasallo de la narcodictadura bolivariana. España no puede ser un estorbo en la lucha contra el fraude electoral perpetrado por un régimen que hace presos políticos, que tortura y que mata.

No vencer en esta batalla será morir en poco tiempo: Irán, Rusia, China, el antisemitismo y la debilidad estadounidense con la amenaza de extrema izquierda de Harris ponen en jaque el orden internacional más que nunca.

Nadie espera nada bueno de España, ese es el problema. La ebria felicidad de algunos saltarines comunistas que ansían el pistolón en el cinto para hacerse valer podría estar justificada si no les hacemos frente. Europa es mucho más que un ente administrativo si se empeña. Europa es la civilización. Y se puede acabar otra vez con los nazis del bigote largo y con los necesarios colaboracionistas. Sólo hay que imaginarse la vida de cada uno si nos roban del todo la libertad. Venezuela es un espejo para España, siempre lo ha sido. Estamos obligados a mirarnos en él y decidir.

Viva Venezuela libre. Y Maduro, al Helicoide. Pero sin llaves.

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