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Por qué Sánchez se niega a entrar en detalles del acuerdo con ERC

Dijeron que lo volverían a hacer y lo están volviendo a hacer, de la mano de Sánchez.

Dijeron que lo volverían a hacer y lo están volviendo a hacer, de la mano de Sánchez.
Pedro Sánchez. | Europa Press

Pedro Sánchez se negó en varias ocasiones a entrar en los detalles del preacuerdo con ERC durante su rueda de prensa previa a las vacaciones veraniegas. A las preguntas concretas de diversos periodistas, se limitó a responder con vaguedades sobre las bondades para la convivencia y la solidaridad entre españoles que traerá el preacuerdo. Para cualquiera que se lo haya leído (y es muy posible que Sánchez no lo haya hecho, pese a que es un acuerdo entre su Gobierno —y no el PSC— con ERC), no es de extrañar. Los detalles son mucho peores que el titular. Aquí van tres ejemplos de lo acordado sobre lo que ojalá alguna vez Sánchez deba responder:

  1. El preacuerdo es la respuesta a un "conflicto político". Así aparece en su introducción y el término "conflicto" se repite 20 veces a lo largo de todo el documento. Pese a las continuas referencias de Sánchez a la convivencia en Cataluña traída, según él, por sus políticas de apaciguamiento del soberanismo catalán, el documento parte de la premisa de que existe un gran conflicto. La sociedad catalana se define hoy, según el preacuerdo, por un conflicto social para el que la solución, evidentemente, es un referéndum de autodeterminación. Todo el preacuerdo son pasos en dicha dirección. El nuevo Gobierno catalán deberá impulsar un "Acuerdo de Claridad" y una "Convención Nacional para la Resolución del Conflicto Político" (presidida por ERC) cuyas conclusiones podemos adivinar de antemano: referéndum. Dijeron que lo volverían a hacer y lo están volviendo a hacer, de la mano de Sánchez.
  2. Entre los acuerdos fiscales, hay uno muy llamativo: los tipos del impuesto de Sucesiones y Patrimonio se mantendrán en sus niveles actuales y no se deflactará el IRPF. Es decir, todos los esfuerzos que se están realizando en otras Comunidades Autónomas (incluida la vasca) para aliviar el saqueo fiscal propiciado por la inflación se rechazan de plano en Cataluña. La singularidad fiscal catalana no es más que un (agravado) infierno fiscal. De salir adelante, no hay ninguna duda de que ocurrirán, por lo menos, dos cosas: una fuga de empresas y personas de Cataluña por razones fiscales y las llamadas del Gobierno catalán para acabar con el "dumping fiscal" de otras Comunidades Autónomas, destino de sus fugados. La mayor autonomía fiscal catalana traerá exigencias de una menor autonomía fiscal en el resto de España.
  3. El catalán deberá ser la lengua de uso normal de las administraciones en sus relaciones con las personas físicas y jurídicas "en el ámbito lingüístico catalán". No es casual que en esta ocasión no se hable de Cataluña sino del "ámbito lingüístico catalán". ¿En qué se está pensando? En la Comunidad Valenciana y en Baleares, evidentemente. Las pulsiones expansivas del catalanismo no cesan y se busca imponer desde un futuro Gobierno catalán sus políticas lingüísticas en regiones circundantes. De nuevo, como con la política fiscal, sus políticas autónomas implican la rebaja de la autonomía de los demás al tener que someterse a sus pretensiones e imposiciones.

En resumen, Sánchez no defiende el acuerdo con ERC por la simple razón de que es indefendible. Lo único que, en verdad, está defendiendo Sánchez es su permanencia en la Moncloa. Cada vez que Sánchez se felicita por el acuerdo con ERC lo que realmente hace es felicitarse por seguir unas semanas más en la Presidencia del Gobierno. El precio a pagar lo asumirán otros. Él solo se quedará con los beneficios personales.

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