
Solo cabe una explicación plausible a que Pedro Sánchez haya decidido adelantar las fechas del congreso del PSOE, a saber: que se temía el surgimiento de problemas en el supuesto de celebrarlo en tiempo y forma. Para cualquier líder, el partido propio suele constituir siempre la primera de sus fuentes de dolores de cabeza. De ahí que el ideal secreto de todos sería que no existiese. Un sueño compartido que, sin embargo, solo algunos caudillos de la década de los treinta, como Stalin o Hitler, lograron llevar a la práctica.
Stalin asesinó a la casi totalidad de los comunistas que habían fundado y dirigido el partido antes que él. Por su parte, el otro resolvió el incordio de los contestones internos durante la muy animada noche de los cuchillos largos. Aunque esas cosas están algo mal vistas ahora. No obstante, como el problema persiste, a los chicos que se inventaron aquello de la "nueva política" se les ocurrió que lo mejor sería abortar sus propias organizaciones antes de que nacieran. En Ciudadanos dieron la orden de que las agrupaciones territoriales no tuvieran locales, así sus miembros no podrían marear tanto. Y en Podemos se inventaron los "inscritos", afiliados virtuales que solo participaban de la fiesta en una triste aplicación de Internet.
El problema de Sánchez, en cambio, es que el PSOE existe. Y eso convierte en mucho más complicado el trabajo de destruirlo. Ese concierto catalán va a generar un proceso constituyente encubierto del que surgirán una España del Norte y una España del Sur. Y en la segunda no volverán a ganar los socialistas en los próximos cien años. Por eso, la operación del concierto solo era posible ahora, con un PSOE periférico completamente huérfano del poder institucional que garantiza, vía nóminas, las lealtades internas dentro del aparato. Una fuente de poder real, el manejo de grandes presupuestos autonómicos, de la que hoy sólo dispone el PSC. Porque esa operación de calado histórico, la de la confederalización fáctica, únicamente era factible con un PSOE vaciado de poder en el territorio. Con un PSOE desarmado. E impotente.