
Al PP le ha dado por comparar a Sánchez con Franco de manera recurrente desde que Vicente Vallés, un grande del gremio nuestro, recordara en su telediario, cuando el nombramiento de Escrivá como gobernador del Banco de España, que la última vez que sucedió algo similar fue en 1965, cuando el dictador eligió para el mismo cargo a su ministro de Hacienda, Mariano Navarro Rubio. Así, en la sesión de control de la semana pasada, el diputado Jaime de Olano ya dijo que "Franco ha pasado del comodín a ser el modelo para Sánchez" y, en el pleno de este miércoles, Feijóo ha calcado la jugada para criticar el Plan de Acción Democrática del presidente del Gobierno, ese "hombre profundamente enamorado" de la investigada por corrupción y tráfico de influencias Begoña Gómez: "Censura y persecución a quien ose criticarle. No se veía otra cosa así desde Franco". Los lumbreras de Génova han adquirido los derechos del Francomodín. A ver cuánto les dura.
Feijóo me recordó –perdonen la subjetividad– al Casado previo al volantazo ayusófobo, pelín sobreexcitado y bastante deslavazado, llegando a mezclar la persecución a jueces y a periodistas del Gobierno con su propuesta de "guarderías gratis" y la Ley del ELA. Sólo en su primera intervención se refirió a: 1) la poca asistencia del macho alfa de la Moncloa al Parlamento; 2) la noticia de El Confidencial sobre los audios de las cloacas del PSOE que señalan a Sánchez como "gran jefe"; 3) el "plan de censura" y "su concepción bananera del poder"; 4) que el Gobierno siga negando que "Venezuela sea un régimen dictatorial"; 5) la financiación del "cupo independentista", y 6) "sus casos de corrupción (que) siguen abiertos". El marido de Begoña recurrió a la sencillez, al triunfalismo y a la mentira para ventilárselo, patinando –¿o no?– cuando dijo que ninguna española había tenido tanto poder en Europa como Teresa Ribera –al poco, Cuca Gamarra acertó al reivindicar el nombre y la memoria de Loyola de Palacio, "primera española vicepresidenta de la Comisión Europea"– y exhibiendo un posible nuevo estribillo, muy aplaudido por las señorías de su cuerda: "La oposición está avinagrada". En su réplica, al líder del PP le entraron las prisas y se quedó sin tiempo. Sánchez, disfrutando, le aconsejó con condescendencia: "Abandone esa oposición avinagrada y arrime el hombro".
Abascal, en su linde, se ciscó en la "política inmigración masiva del gobierno de Bruselas del PP y del Partido Socialista", y el presidente del Gobierno, como quitándose la caspa de las hombreras: "Le sobran los insultos y le faltan las ideas. Le sobra la xenofobia y le falta humanidad". Gabriel Rufián le hizo la pregunta más pertinente de toda la sesión: "¿Cuánto cree que va a durar la legislatura?". El de ERC alertó sobre un "bloque nuevo que están conformando PP, Vox y Junts" y recordó que "ustedes ya han perdido treinta y cinco votaciones". Sánchez, más cauto: "A ver, lo he dicho antes, lo digo ahora: este es el Gobierno del acuerdo y del diálogo…". Tras repetir la cantinela de que es "incuestionable" que Cataluña va como un tiro y "reivindicar el trabajo de ERC", se dio el piro sin disimular, como un escapista torpe y/o desvergonzado.
Por lo demás, la viseprecidenta Montero siguió cebando su candidatura a la presidencia de la Junta de Andalucía atizando a Juanma Moreno mientras respondía a una pregunta de Cuca Gamarra sobre el cupo catalán. Además, apuntó que "el PP se sentía más confortable (sic) con una Cataluña en llamas", cuando en realidad quería decir "confortado". O no. A saber qué pasa por esa cabeza. Miguel Tellado: "El mayor ejemplo de privatización es La Moncloa, que se ha convertido en un coworking familiar". Preguntó por la que hay liada con los inmigrantes ilegales en Canarias. La también ministra de Hacienda le afeó su "poca empatía con niños y niñas que a lo único que aspiran es a tener un futuro mejor".
Ester Muñoz, a Félix Bolaños: "Someterse al control al Parlamento no es una opción, es una obligación. (…) Sánchez no puede marginar al Parlamento. No, al menos, en democracia; sí en otros regímenes". El ministro tridentino puso en valor los acuerdos alcanzados con el PP y tildó de "ridículo" que los genoveses abusen de palabras como "autocracia" o "dictadores". Y Carmen Fúnez, que tampoco midió bien su tiempo: "¿Qué les mueve a resistir en el Gobierno? ¿La ambición del señor Sánchez o el miedo?". Bolaños, de nuevo: "Lamento de verdad que el PP dé eco a denuncias falsas que presentan ultraderechistas, antivacunas y antiabortistas". Y poco más, la verdad. Créanme que lo lamento.
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