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Sánchez y Don Zapaterone, camellos diplomáticos del narco venezolano

No hay en la historia de la diplomacia española un caso de indignidad, corrupción y alarde delictivo como el de la embajada de Sánchez, o sea, de Zapatero, en Caracas.

No hay en la historia de la diplomacia española un caso de indignidad, corrupción y alarde delictivo como el de la embajada de Sánchez, o sea, de Zapatero, en Caracas.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. | Europa Press

No hay en la historia de la diplomacia española un caso de indignidad, corrupción y alarde delictivo como el de la embajada de Sánchez, o sea, de Zapatero, en Caracas. La residencia del embajador Santos, un donnadie disfrazado de méndigo progre, cuyo currículum se limita al ascenso de encargado de negocios en Caracas a embajador, pasando por una estadía en la Bolivia cocalera, fue la celda improvisada por el régimen genocida para intentar el golpe de Estado, que tan oportunamente denunció en esRadio González Pons. Ese golpe consistía, básicamente, en obligar al vencedor de las elecciones a firmar que las había perdido.

Las presiones y amenazas a la familia y al presidente electo

La brutalidad del fin coincidía con la zafiedad del método. Como si esa realidad, los millones de venezolanos que lo votaron, pudiera borrarse con una firma obtenida por las amenazas a la hija y los nietos de Edmundo. El secuestro a la cubana de la familia del presidente electo fue el medio que usó el infame Zapatero para hacerlo salir de la embajada de Holanda. Hay mucho héroe de papel que no ha vivido nunca una situación así, pero se permite llamar "cobarde" a Edmundo. Lo que le dijeron a su hija Mariana fue "tu padre morirá en la cárcel". Y a él, que moriría en el Helicoide si no se exiliaba en España tras firmar su supuesta derrota. La clave fue llevarlo a la celda de tortura psicológica del embajador español para quebrarlo. Pero fue en territorio español custodiado por los Geos y el CNI, donde tuvieron lugar los hechos. Funcionarios españoles de uniforme colaboraron en ese secuestro y estuvieron presentes en el sórdido trámite golpista. Y tuvo que saberlo y autorizarlo Margarita Robles. Como Albares y Sánchez, claro.

Dos criminales acreditados internacionalmente, Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, que estaban en su casa, forzaron la firma de Edmundo; y por si luego declaraba que había firmado a la fuerza, cometieron el acierto de grabarlo. Esas imágenes retratan a todos los criminales. Faltó Zapatero, escondido en su propio retrete, que tras haber participado decisivamente en el secuestro del ciudadano más importante de Venezuela, se largó a mediar entre dos grupos cocaleros bolivianos enfrentados, los de Evo Morales y Luis Arce, sucesor y rival. Y es que Don Zapaterone, como sin duda merece ser llamado, es figura conocida y respetada en todos clanes del narcotráfico iberoamericano. Siempre, piensan, demostró que es "uno de los nuestros".

El factor narco que lo explica casi todo

Cayetana Álvarez de Toledo ha resumido en once preguntas las necesarias respuestas que debería dar el Gobierno por su actuación en el golpe de Estado, porque lo ha intentado y sigue intentándolo, de Maduro. Hay algo, a mi juicio, que es previo y que no se pregunta nunca a este ni a ningún otro gobierno socialista, porque entre socialistas anduvo siempre la saga trapisondista de la corrupción española en Venezuela: el narcotráfico. Como las atrocidades comunistas, de factura cubana, perpetradas por el régimen de Caracas se imponen en las noticias, se olvida que si en tiempos de Chávez la base de sustentación del régimen era el petróleo, cuando la corrupción de la embajada española cursaba entre las lujosas coimas de Pedevesa, hace ya muchos años que la fuente de corrupción esencial del chavismo-madurismo es su condición de Cartel de los Soles, el primer exportador de cocaína del mundo, con capacidad de corromper casi todo.

La compra de favores en España que empieza por su abogado Baltasar Garzón, que explica las raras impunidades de los testaferros del régimen, continúa por el entramado judicial del sanchismo, desde Dolores Delgado (señora de Garzón) a las extrañas actuaciones de la Fiscalía, (de nuevo Dolores Delgado, de nuevo Garzón) y culmina en todas las irregularidades del ministerio del Interior, o sea, de Marlaska, en materia de vigilancia, custodia, o no, para la eventual fuga de narcos bolivarianos detenidos.

Si el jefe de la Mocro-mafia holandesa se fugó por una inverosímil descoordinación de la Audiencia Nacional con la justicia malagueña, ¿qué no conseguirá la máquina de influencias que empieza en Don Zapaterone y Barajas, con las cuarenta maletas de Delcy para el Gobierno de Sánchez? Delcy y ZP habían quedado en el belén de la corrupción sanchista, y ambos estuvieron en la residencia del embajador en Caracas, convertida en cárcel chavista. Son los amos del cotarro diplomático, por lo que saben y pagan, cobran o cobrarán, callan o podrían revelar. Eso explica que la diplomacia española se haya rendido sin lucha a un golpe típicamente comunista, pero financiado, como en el fondo todo el Grupo de Puebla, por el narcotráfico.

El grotesco deambular explicativo de Albares

Si incluimos el factor narco en el debate sobre la humillada posición española con respecto a Venezuela, todo resulta, de pronto, más claro. Por ejemplo, la ridícula verbosidad de Albares, que tuvo la jeta de batracio de decir que Pons insultaba a España, nada menos, al denunciar la infame actuación de la diplomacia sociata en el violento episodio contra Edmundo. Lo que no explicó es qué hacía el embajador español grabando la infamia de dos criminales como los hermanos Rodríguez, dueños de la embajada. Lo que no aclaró es cuándo supo de esa intriga totalitaria para urdir, desde suelo español, el intento de robo de las elecciones venezolanas. Lo que ocultó es a quién obedecieron los geos de la residencia de un embajador que le debe el cargo, a la dictadura de Caracas o a las órdenes de Madrid. ¿O es que acaso se confunden y las órdenes de aquí se dan desde allí?

Dice este pelanas de mirar batracio que Pons ha ofendido a España. ¿Y no la ofendió Zapatero urdiendo el secuestro de Edmundo González, al servicio, como siempre, de la dictadura criminal de Caracas? ¿No ofendió a los socialistas españoles, con ocho excepciones, hacer el trabajo sucio de esa organización genocida que ha expulsado de su tierra a siete millones de venezolanos? ¿No les dio vergüenza que socialistas portugueses y alemanes se negaran en el Parlamento Europeo a seguir su ejemplo, reconocieran a Edmundo y condenaran a Maduro? ¿Y no le parece siniestro que, contra el consenso europeo, Sánchez se fotografíe con un viejo terrorista palestino mientras pide consenso para disimular su apoyo la narcodictadura chavista? ¿La política exterior española es la de Al Fatah, no la de la Unión Europea? ¿A qué extremo de indignidad pueden llegar todavía Sánchez y Narcotero?

En todo caso, y aunque resulte humillante para cualquier español, hay que asumir que nuestra diplomacia ha actuado, y actúa desde hace tiempo, no como socio del narcotráfico bolivariano, sino como un camello de segundo nivel, encargado de vigilar la esquina de la Unión Europea, a ver cómo van las ventas del polvo blanco y el dinero negro. Qué vergüenza.

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