
Este miércoles han empezado los fastos de la conmemoración de la muerte de Franco. Yo diría que al PSOE no le conviene mucho centrar la mirada de la opinión pública sobre el hecho de que, tras llevar al país a la Guerra Civil, los socialistas desaparecieron durante cuarenta años, dejando al dictador morir plácidamente –es un decir, el Marqués de Villaverde le hizo pasar las de Caín a su suegro– en la cama. Pero allá Sánchez y los suyos con su estrategia, fruto sin duda de la desesperación política y el pánico judicial, aunque también basada en éxitos pasados, no lo olvidemos.
El caso es que llegó por fin el primer día de la derrota del invicto y tengo que confesarles que, siendo el inicial de un centenar de saraos, con el presidente dando un discurso y el Gobierno en pleno de cuerpo presente, yo me esperaba algo un poco más logrado, un poco más trabajado, menos cutre.
Pero no.
El escenario era bastante pse, las presentaciones previsibles, por no decir nada peor, ha habido una actuación musical de la que la gente se está riendo por las redes sociales porque ha empezado con un fallo patético, aunque por lo que yo he visto la parte sin fallo era aún más risible.
El primer momento culminante ha llegado cuando un escritor que pasaba por allí, nacido diecisiete años después de la muerte de Franco, ha dicho algo así como que llegaba a sentir "cierta envidia" de los que luchaban contra la dictadura –cuatro gatos y ninguno del PSOE, por cierto–. Se ve que el hombre se ha creído las propias trolas de la izquierda sobre la feroz resistencia antifranquista, ha confundido las canciones de Ismael Serrano con un documental o, seguro, no ha leído lo que Cristina Losada explicaba en Libertad Digital hace unas semanas sobre cómo se las gastaba la policía política del final del franquismo.
Aunque lo mejor, cómo no, ha sido la intervención de Pedro Sánchez, que no ha tenido bastante con los tópicos más previsibles, sino que ha desbarrado más allá de lo esperado: no resultaba fácil mezclar al dictador con Elon Musk, pero el presidente lo ha logrado en uno de esos detalles para jóvenes que me recuerdan a cuando en las viejas series españoles hablaban con el-lenguaje-de-los-jóvenes-de-la-calle y aquello daba más pena que risa.
Y de colofón la comparación entre la miseria económica de la sociedad española de 1975 y el esplendor económico de la actual, un terreno resbaladizo que yo aconsejaría evitar al marido de Begoña: cuidado con compararte con Franco, Pedro, que su dictadura llevó a España de la pobreza total a ser un país de clase media y la que tú pretendes instaurar la llevaría del bienestar a la indigencia más absoluta. Y si no me creen pregúntele a los venezolanos.
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