
Comienzo a escribir este artículo tras contemplar desde el salón de mi casa la tienda de campaña instalada en un lateral del jardín municipal que me queda enfrente. La tienda está habitada por un residente ilegal africano de mediana edad que, como resulta evidente a simple vista, sería absolutamente imposible que pudiera conseguir un puesto de trabajo en la ciudad de Barcelona. Su destino seguro, pues, consistirá en permanecer así, tirado en la calle, de modo indefinido. Como él, hay cientos ahora mismo en la capital de Cataluña. Al punto de que no existe un solo espacio verde en Barcelona donde no se pueda observar alguna escena similar.
Yo estoy en contra de la inmigración incontrolada porque soy de izquierdas. Y por ser de izquierdas, sé que un incremento exponencial de la oferta de mano de obra poco o nada cualificada perjudica a la población española más vulnerable, la más pobre, al presionar a la baja sus salarios. Pero si yo fuera de derechas, también estaría en contra de la inmigración incontrolada. Porque alguien de derechas inteligente tiene que comprender cuál es la diferencia entre mano de obra barata y población sobrante. Ese pobre hombre que habita en la tienda no constituye mano de obra barata. Y ello por la triste razón de que no alcanza los mínimos para llegar a ser mano de obra.
La estadística desmesurada de extranjeros que no trabajan o que lo hacen en actividades improductivas, como el comercio ambulante de baratijas o un sinfín de ocupaciones por el estilo, certifica que España está acogiendo en gran medida no inmigrantes sino excedentes demográficos de otros continentes, personas con muy difícil inserción en desempeños realmente productivos. La dirección del Partido Popular lleva meses soñando con la fantasía absurda de que el jefe del intento de golpe de Estado del 17 va a abrirles de par en par las puertas del palacio de la Moncloa. Él vive en Waterloo; ellos, en la Luna. Bien harían en Génova olvidándose de esa recurrente majadería y, en cambio, replanteando la doctrina del partido en la cuestión migratoria.